Tiempo de comunicaciones rotas

Tiempo de comunicaciones rotas

domingo, 17 de septiembre de 2017

MI SOMBRERO.- MICRORRELATO DE ÁNGEL SILVELO



Recorrí el mundo subido a un globo aerostático, porque pensé que desde allí vería mejor las cosas. Llegué a tocar las nubes y a atrapar el horizonte con mis manos. Creí, en fin, que me apoderaría del universo y sus emociones. Sin embargo, mi felicidad fue efímera, pues mi sombrero se esfumó de mi cabeza en un fatídico golpe de aire cual cometa que se desprende de las manos de su dueño. Y volé sin rumbo desde entonces, igual que una brújula sin norte. Es verdad, había algo en él que me mantenía firme en mis decisiones. Desde ese día perdí todo interés por viajar, y desprecié burdas copias o imitaciones. Nadie lo entendía, pero era su tacto, su olor…, y esa sensación de seguridad que me proporcionaba. Hasta que el destino, de nuevo hizo que me encontrara con él. Estaba expuesto en el escaparate de una tienda de subastas, y pensé: «un hombre cubierto con su sombrero es otra cosa, como si aquello que de verdad es importante le fuese a acompañar el resto de su vida». Quizá todo se resumía a dos palabras: comprar y vender, pero yo sabía que esa no era la auténtica argamasa con la que estaban fabricados los sueños.
Microrrelato de Ángel Silvelo Gabriel 

miércoles, 13 de septiembre de 2017

EL TESTAMENTO.- MICRORRELATO DE ÁNGEL SILVELO


 
Cuando acabe el invierno se habrán terminado el jolgorio y las risas. Entonces, el eco del tiempo se convertirá en un pergamino repleto de letras, en el que las vistas, los pleitos, y los recursos que forman parte de la titularidad de mi vida, serán el mayor accionista de una empresa que siempre miró por el interés del cliente. A pesar de todo, creí haber atravesado el umbral de la gloria el día que me hicieron socio preferente del bufete. Sin embargo, a partir de ese momento comenzó el ocaso de mi vida, porque me perdí en una especie de laberinto sin salida. Me olvidé de todo, incluso de mí mismo, hasta que el sabio paso del tiempo me hizo ser consciente de mi fracaso, porque por no conocer, no conocía ni el alcance de mi testamento.
Microrrelato de Ángel Silvelo Gabriel

domingo, 10 de septiembre de 2017

FLEUR JAEGGY, VIDAS CONJETURALES: JOHN KEATS, THOMAS DE QUINCEY Y MARCEL SCHWOB PERFILADOS BAJO LA EXCELENCIA LITERARIA DE LOS OSCUROS DESEOS


 
Abordar la vida de un artista, un escritor, en este caso, puede llegar a convertirse en una aburrida concatenación de hechos biográficos que, en la mayoría de las ocasiones, nos deja fríos por la ausencia de ese rasgo tan eminentemente literario como es la pasión de quien escribe a la hora de entresacar las virtudes y defectos del biografiado, pero, sobre todo, porque se deja a un lado la beta de la fascinación que todo escritor tiene por pequeña que sea ésta. Esa beta, plena de la virtud, de aquel que perfila una vida bajo la excelencia literaria de los oscuros deseos, es la adopta la escritora Fleur Jaeggy para demostrarnos que desde la biografía también se puede llevar a cabo literatura de calidad o de altos vuelos, pues ese es el reto y el retrato que, de cada uno de estos maestros paganos, adopta y nos muestra Jaeggy, y lo hace con la peripecia de una pluma afilada que corta a cada uno de sus personajes con el filo de una prosa poética, intensa, ágil y devastadora hasta dejarte sin aliento, pues así se queda uno tras leer cada uno de estos semblantes de Keats, De Quincey y Schowb, explorados por un estilo tan rápido, directo e inteligente que nos apabulla por momentos, y con el que la escritora suiza regatea una y otra vez a las dificultades biográficas de cada uno de los biografiados. Bajo esa excelencia literaria, se esconde, sin duda, esa dura y pertinaz mirada que la escritora emplea a la hora de sacar a la luz no lo más importante, sino lo que ella estima como más relevante, en cada uno de sus biografiados. Esa mirada lejana sobre cada uno de ellos, le proporciona la fidelidad de lo neutro, a la que ella agrega esas pequeñas dosis de incertidumbre, zozobra o mala leche que nos llevan a descubrir los pequeños matices que siempre han permanecido ocultos a los ojos de los demás en las vidas de estos tres escritores-poetas, malditos, si se quiere, pero, sin duda, enigmáticos a la hora de reinterpretar la sombra que su vida y sus obras nos han dejado. Esa intensidad de reflejos y opacidades, de hazañas y derrotas, de firmezas y debilidades es a la que Jaeggy le proporciona la luz de la poesía en una prosa profunda, mordaz y precisa hasta convertirla en la verdadera protagonista de lo abordado. Manifestaciones, todas ellas, del manejo del lenguaje y del estilo que refuerzan, sin duda, la imagen que al lector le queda de aquello que se le muestra. Más allá del juego o de la anécdota, nos vemos sometidos a la dictadura de los oscuros deseos que nos lleva hasta la otra orilla del Leteo. 

Vidas conjeturales es la brevedad biográfica sometida a la precisión de la palabra que nos invita a visitar la belleza del mundo del artista, pero también la morbosa oscuridad del desaliento, la perversión y la crueldad de aquello que nunca verá la luz, por encontrarse mutilado por las imprevisibles circunstancias de la vida. No obstante, estos tres héroes anónimos resurgen aquí como la piedra que brilla en el fondo del mar y, que por sí sola, representa la firmeza con la que viene acompañada la excelencia literaria de los oscuros deseos. 

Ángel Silvelo Gabriel. 

jueves, 7 de septiembre de 2017

ÁNGEL SILVELO ES SELECCIONADO EN EL V CONCURSO "TONO ESCOBEDO" DE RELATOS BREVES 2017 CON EL MICRORRELATO TITULADO "CANCIÓN DE CUNA"


TÍTULO: CANCIÓN DE CUNA

NOTA ESCOGIDA: SOL

Yo, que te soñé entre melodías de Bach y Chopin. Yo, que te amamantaba acompañada de las mejores baladas italianas. Yo, que te acurrucaba cada noche con una canción de cuna. Yo, que te llevé al conservatorio para que llegaras a cantar a la perfección las notas altas y bajas. Yo, que hubo un día que te perdí, como si sólo hubieses sido un falso espejismo que dibujara luces y sombras; luces y sombras que ahora se proyectan tras el escenario, mientras tú cantas en tu grupo de rock, de nombre impronunciable, y yo, tu madre, me pregunto qué he hecho mal. Sin embargo, el patito feo de mis pensamientos se transforma en un bello cisne blanco cuando anuncias la última canción del concierto: «este tema es para ti, mamá, la mejor profesora de música que he tenido nunca», mientras me guiñas un ojo y de tu boca sale mi nombre: Sol; un nombre que era igual al de la nota musical que más te gustó siempre; una nota que, por arte de magia, en tu infancia, cada noche, se transformaba en una bella canción de cuna.
Microrrelato de Ángel Silvelo Gabriel

domingo, 3 de septiembre de 2017

NADA QUE ALEGAR.- MICRORRELATO DE ÁNGEL SILVELO


 
Yo formaba parte de un grupo musical, y nunca fui tan feliz. Fumaba todos los cigarros que quería y viajaba en barco cada vez que tocábamos en las islas. Todo era perfecto hasta que apareció ella. Me dijo que era abogada, de causas imposibles, añadió. No sé por qué, pero se enamoró de mí. Nunca entendí su tenacidad para sacarme de la cárcel. Yo no la quería, pero harto de su insistencia, le dije: «haz que lo nuestro encaje». Me dio clases de derecho y me consiguió la condicional. Incluso logré un puesto de abogado en el turno de oficio. Pero algo falló en su plan, y ahora, ella está en el banquillo de los acusados, esperando a que yo le demuestre mi amor. «¿Algo que alegar?», me pregunta el juez. La miro mientras leo distraído el periódico 20 minutos, y contesto: «no señoría, nada que alegar».
Microrrelato de Ángel Silvelo Gabriel