Tiempo de comunicaciones rotas

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domingo, 18 de junio de 2017

LA NOCHE ETERNA.- MICRORRELATO DE ÁNGEL SILVELO


 
La noche eterna se cierne sobre nuestros espíritus como el paso del tiempo lo hace sobre nuestros cuerpos. Atrás quedaron los asesinatos y sus asesinos, las guerras y sus armisticios, los honores y su boato. Nada permanece tras el fuego de los fusiles salvo el silencio que, a modo de tormenta, se cierne sobre el olvido. Cuando todo pasó, nuestras metas fueron otras. Ese día, sin apenas darnos cuenta, cambiamos la rigidez de las togas por la ligereza de los bañadores. Y acabamos empapados por el orballo infinito de la rutina, a modo de un nuevo ciclo de vida que comenzó entre petardos y botellas de champán, pero que continuó con la herencia milenaria que a partir de ese momento recayó sobre nuestros hombros. Nosotros representábamos la justicia y la esperanza fundidas en la ausencia de los rencores. Sin embargo, ahí acabó todo, porque después ya no hubo ni más victorias ni más fiestas que celebrar, sino sólo días no vividos en forma de una orden de desahucio en mi menor. Nuestras grandes esperanzas decayeron como falsos espejismos bajo el manto del olvido. La vida es lo que tiene, pues nada es lo que parece, y como en el juicio final todo se reduce a un juego de contrarios en el que cuando cae el telón sólo queda la noche eterna. 
Microrrelato de Ángel Silvelo Gabriel

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