Tiempo de comunicaciones rotas

Tiempo de comunicaciones rotas

jueves, 30 de marzo de 2017

TEATRO TRIBUEÑE: PROGRAMACIÓN MES DE ABRIL 2017

 
 

 “Nada de obra menor, obra grande, dura, teatro maldito, teatro de vísceras hecho con el corazón y con mucho, mucho cariño”
Alberto Morate – Blogdeentradas.com

“Para mí el aire”
Ramón M. del Valle-Inclán

 “Ahonda en las raíces de los diferentes géneros, nos ofrece un espectáculo creado desde el amor, pero también desde un profundo conocimiento”


lunes, 27 de marzo de 2017

MANCHESTER FRENTE AL MAR, DE KENNETH LONERGAN: LOS SÓLIDOS ESTADOS DEL SILENCIO


 
La expiación de la culpa y el dolor no entiende de los argumentos que el desgarro proporciona a nuestra condena, porque ahí es donde la solidez del miedo frente a los recuerdos nos hacer ser vulnerables como sólo lo somos en las encrucijadas de la vida cuando la peor de las desgracias nos estalla delante del corazón. Una condena tan pesada como esa no admite más comparación que la de las plúmbeas cadenas del ancla que pertenece a un pecio perdido en las profundidades abisales del océano sin más posibilidad que la de yacer a merced de los peces y los corales que pronto le colonizarán. La situación es tan inaudita e insoportable que las propias cadenas no son capaces de entender que, la culpa y el dolor, requieren de su propio alimento. Un alimento que siempre viene unido al pasado y a los recuerdos. Un pasado y unos recuerdos que no nos ofrecen la posibilidad del perdón ni tampoco la de la esperanza, pues todo es como un inmenso iceberg que no podemos esquivar por más que lo evitemos a través de los sólidos estados del silencio. Ese silencio que poco a poco se apodera de nuestra vida y no nos deja un resquicio de luz por el que se pueda colar un rayo de vida. Es entonces cuando lo vemos todo de un mismo color: el de la muerte. El dolor es egoísta como lo son el amor, el desamor o la venganza, porque nada queda fuera de sus dominios. Kenneth Lonergan lo sabe muy bien, pues no en vano es el mejor de los espías de las situaciones límites del alma humana. Tanto es así que, en ese universo fílmico que progresa a lo largo de la derrota, no le cuesta presentarnos a sus protagonistas igual de perdidos y desesperados que si tuvieran delante de sus pechos a una manada de lobos hambrientos. Unas alimañas que les impiden llegar a su única salvación: la reconstrucción del pasado. Es entonces cuando comprendemos que la travesía del dolor es fría como una noche de invierno en mitad de un bosque en el que caminamos a la deriva. Y es en esa situación límite cuando nos damos cuenta de que nos conformaríamos con poder dibujar una vez más la frágil línea del horizonte, para de ese modo, buscar un auxilio que nos saque de nuestra pesadilla, pero esta vez, enseguida somos conscientes de que no nos encontramos perdidos en uno de nuestros sueños. Sin embargo, para intentar salvarnos aún pensamos que todo sería más fácil si encontráramos una metáfora que aliviara el peso de nuestros remordimientos, pero la estolidez de nuestros argumentos nos hacen sentir que no hay un verso con la suficiente capacidad de redención para sacarnos de nuestro infierno, porque si de verdad supiéramos descifrar los enigmas que se esconden tras la línea del horizonte con el más impetuoso de los versos no sufriríamos, y siempre navegaríamos en un mar de aguas tranquilas y purificadoras. 

Manchester frente al mar es una alegoría sobre el dolor y el valor que en sí mismo tiene el poder de nuestras propias decisiones. En este sentido, el destino se convierte en el más feroz de los asesinos, y ni tan siquiera la banda sonora de Lesley Barber, en su épica concepción, se muestra capaz de devolvernos a la superficie. Viendo esta película —fotograma a fotograma—, nos parece que no es posible volver a caer en una nueva capa que nos lleve directamente a la sima del desgarro, pero no es así, porque en esos sólidos estados del silencio que Kenneth Lonergan crea para todos nosotros —y a los que un majestuoso Cassey Affleck pone rostro—, nos lleva inmersos por un estado de hipnótica locura que nos mantiene pegados a la silla por el mero hecho de que nos sintamos cómplices de una historia muy bien contada, en la que su gran acierto está en esos viajes al pasado que nos muestran el verdadero y último sentido de aquello que se nos narra, y lo hace dentro de una estructura narrativa contenida como contenido es el tratamiento que se le da al dolor. Un dolor en el que también caben pequeñas dosis de humor como mejor representación de los diferentes estados anímicos que experimenta el ser humano ante la muerte. En este sentido, si Lee, el personaje interpretado por Cassey Affleck representa la cadena perpetua del dolor, su sobrino Patrick —al que da vida Lucas Hedge—, es la viva imagen de la necesidad de seguir viviendo a través del amor, aunque éste sea un mero experimento en manos de un adolescente de dieciséis años, porque Manchester frente al mar también representa la posibilidad de regresar a la vida a través de la mirada de aquellos que todavía no cargan con su propia culpa. Ese regate a la desgracia alcanza tintes épicos cuando Randi —la exmujer de Lee—, muy bien interpretada por Michelle Williams, le pide perdón y le confiesa su amor, en una escena de esas que hacen grande al cine por lo auténticas que nos resultan. Un momento que no es único en cuanto a su rasgo de veracidad, pues la película cuenta con secuencias memorables como la del hospital casi al inicio de la misma. 

Manchester frente al mar es el relato del día a día de unas personas anónimas que no atesoran más dilemas que los de intentar seguir viviendo en las turbias aguas del dolor, y de ese modo, acercarnos a la esencia que todo ser humano lleva tatuada en su ADN, por más que en muchas ocasiones la evitemos. De ahí que no sea extraño que, ante el dolor, reaccionemos bajo los sólidos estados del silencio. 

Ángel Silvelo Gabriel. 

domingo, 26 de marzo de 2017

EL CORRECTOR DE TEXTOS EN EL PUNTO DE MIRA. Un artículo de Manu de Ordoñana, Ana Merino y Ane Mayoz


Con este artículo queremos ensalzar ese oficio histórico que surgió con la aparición de la imprenta y para el que hacen falta una gran concentración y muchos conocimientos generales y que ―a la vista de los errores que, diariamente, aparecen en las ediciones tanto de prensa como de libros― está en horas bajas: el corrector de textos.
 
Vamos a comenzar por traer a colación una de las premisas que se lanzaron en el X Seminario internacional de lengua y periodismo: Los correctores hacen mejores escritores y periodistas. Según lo vemos nosotros, un texto bien escrito es la mejor tarjeta de presentación tanto para un particular como para el más laureado de los literatos.
 
El 27 de octubre se celebra su día, el Día Internacional de la Corrección o Día del Corrector de Textos. Fue instaurado en el año 2006 por la Fundación Litterae de Argentina y se puso en honor al pensador y humanista Erasmo de Rotterdam por coincidir con su natalicio. Desde entonces hemos visto cómo este oficio ha ido evolucionando o, mejor dicho, se ha especializado en función de su objetivo: corrector de estilo, verificador de hechos y lector de sensibilidad, que está haciendo fortuna últimamente.
 
Vamos a concretar mejor su función. Tendemos a pensar que un corrector solo debe corregir los errores ortográficos y gramaticales, pero nos equivocamos. Lo que, a continuación, mostramos no es más que un resumen de su arduo trabajo:
  • Revisar el contenido, ese que logra hacer que el texto sea comprensible y no contenga pasajes de difícil interpretación.
  • Fijarse en que las relaciones entre las distintas partes del texto reflejen la buena conexión de las ideas que, con anterioridad, estaban en la mente del autor.
  • Adecuar el contenido a la situación comunicativa, evitando, por ejemplo, los coloquialismos excesivos en un texto formal y los términos cultos en una situación informal.
  • Facilitar la lectura a través de la claridad y el orden, guiándole al lector a través de las recapitulaciones, resúmenes…
  • Buscar el equilibrio de los párrafos para que no se excedan en sus dimensiones.
  • Cuidar el aspecto formal del texto, con el fin de no dar la impresión de dejadez.
  • Controlar los recursos retóricos o efectistas (la metáfora, la ironía). Así su utilización tendrá un fin claro y comprensible.
  • Velar por la buena presentación, los márgenes, y por los criterios de utilización de mayúsculas, comillas, citas, palabras extranjeras, expresiones gastadas…
  • Fijarse en que el estilo sea correcto, claro, natural.
  • Y, también, analizar con lupa la sintaxis.
Después de esta extensa lista de tareas, ¿todavía alguien piensa que su figura no es imprescindible? O dicho de otra manera ¿hay algún escritor que sea capaz de rechazar un ayudante tan eficaz? La respuesta es que sí, a la vista de todas las erratas que constantemente leemos en la prensa y en muchas publicaciones. Algún avispado puede venir con la milonga de que hoy en día los correctores informáticos son de gran ayuda. Cierto, pero también plantean nuevos problemas como, por ejemplo, el hecho de que no discriminan categorías gramaticales, ya que corrigen sistemáticamente siguiendo un criterio por defecto, lo que hace que cometan, con mucha frecuencia, varios errores.
 
Para aceptar la necesidad de esa figura, el autor tiene que hacer un ejercicio de humildad y darse cuenta de que uno mismo es el peor corrector de su propio texto y de que se necesita un ojo entrenado, imparcial y conocedor de los recursos para que el texto brille por su calidad.
 
Desde luego, lo que está claro es que, si esa figura existe hoy en día en las editoriales de cierta relevancia, se ha relajado. Pérez Reverte lo dice con cierta nostalgia: Ya no hay gente así en las redacciones. Ni corrector de estilo, ni viejos maestros con la clave del gran periodismo en los ojos cansado.
 
No queremos acabar este artículo sin hablar de la nueva versión de este corrector de estilo, el lector de sensibilidades, que parece ser una tendencia emergente en Estados Unidos. Alfonso Álamo nos da las claves: muchos autores se han encontrado con que sus libros han sido mal recibidos por la forma en la que, posiblemente de manera involuntaria, han tratado a personajes, tanto por su sexo como por su religión o raza. Para evitar esto, se ha creado una nueva figura dentro del panorama editorial, el lector de sensibilidad, quien se dedica a revisar el texto para evitar ofensas.
 
Tal como lo plantea, lo primero que se nos puede pasar por la cabeza es la imagen del censor de antaño. Desde luego, la línea divisoria entre ambos es muy fina. Cualquier escritor que esté redactando algo ahora mismo se lo pensará dos veces antes de utilizar determinada palabra por miedo a las avalanchas de opinión que lo puedan tachar de racista, machista o elitista. Esta situación puede generar diálogos grotescos como los que nos muestra, a través de su marcado sentido del humor, Quim Monzó, en su artículo El ojo que nos vigila. Pero también puede derivar en el esperpento, como le sucedió a Javier Marías quien recibió una asombrosa carta desde Holanda: El remitente me decía que el adjetivo “agradable” con que había calificado a Obama (supongo que contraponiéndolo al muy desagradable Trump) le parecía “despreciativo”, porque era mucho más que eso. Me eché a reír y me quedé perplejo. Sin duda Obama es más, pero ¿desde cuándo es despreciativo “agradable”?
 
La anécdota nos parece ilustrativa de la incómoda situación en la que se puede ver envuelto un escritor, y como nosotros, en este mismo instante, estamos en ella, vamos a quitarle hierro al asunto y aportar un poco de cordura. Decía Ramón Gómez de la Serna, ya en 1914: El temor a la errata es la única inmoralidad que puede cometer un escritor que escriba con libertad y libertinaje. Así que… ¡ojo a la errata y menos avalanchas!
 
Artículo de Manu de Ordoñana, Ana Merino y Ane Mayoz

AL OTRO LADO DEL ESPEJO.- MICRORRELATO DE ÁNGEL SILVELO


 
Atravesé el espejo para buscar el verdadero significado de la vida y me tropecé con el infinito. Ahora delante de mí no hay nada, sólo tierra y cielo; o mejor dicho, una tierra caliente y un cielo intensamente azul. Esta panorámica, a la que yo he bautizado como Al otro lado del espejo, es una pócima que me sana de las imágenes que he dejado atrás. Eso es lo que me hipnotiza de este lugar, la profunda sencillez de lo que aquí contemplo. Todo lo que me rodea es la antítesis terrenal del mundo del que me he escapado. Es como si hubiese regresado al principio de todo, a la génesis de los tiempos. En la ciudad en la que yo vivía, apenas se vislumbraba el horizonte. Allí, la línea visual de un cielo gris estaba entrecortada por mil y un edificios que, como pequeñas luciérnagas, luchaban y luchan por apoderarse de una pequeña parcela en la nada más absoluta. Aquí, sin embargo, mi mayor hallazgo ha sido el de las pequeñas cosas; esas que te permiten encontrar la fórmula para vivir con muy poco. Y ahora, que tengo que volver, siento miedo; miedo a perder la pureza en mi mirada, y sobre todo, en mi alma de mujer que un día necesitó reencontrase a sí misma al otro lado del espejo.
Microrrelato de Ángel Silvelo Gabriel
 

lunes, 20 de marzo de 2017

NO SÉ QUÉ DECIRTE HIJO.- MICRORRELATO DE ÁNGEL SILVELO


 
Hijo, cuando me preguntas si el mundo siempre fue así, un lugar lleno de cenizas como lo vemos tú y yo día tras día, se me hace cada vez más difícil decirte que no, primero, porque con el paso del tiempo, mi memoria va borrando las imágenes de aquellos días donde había luz y yo era feliz junto a tu madre; y segundo, porque ahora… ahora no sé qué decirte hijo. Sólo sé que el Hombre posee grandes virtudes como el amor, el poder de la creación o la esperanza, pero también atesora el innato poder de la autodestrucción. Todo en algún sentido es finito. Nada perdura, ni tan siquiera los dinosaurios que durante miles de años poblaron la Tierra. Incluso ellos sucumbieron, al igual que las truchas que un día habitaron en el río en el que hoy no podemos beber agua. No sé cómo explicártelo hijo. Todo es un ciclo. A veces, cuando llega la primavera, contemplamos cómo florece el árbol del jardín o cómo unos pájaros hacen su nido en el tejado de nuestra casa. Pero llega un año, en el que ese árbol deja de florecer, o esos pájaros dejan de anidar. Entonces algo cambia, pero nuestros compulsivos movimientos diarios, apenas nos dejan ver más allá de los sucesos que tanto nos acechan y nos agobian, y que tan importantes son para nosotros, pero tan insignificantes son para la Humanidad. Eso creo que es lo que ha pasado, que no hemos sido capaces de mirar más allá de nuestro resquebrajado caparazón, y un día de repente todo se ha venido abajo, y lo que antes era tan importante, ahora simplemente ha dejado de existir.
Microrrelato de Ángel Silvelo Gabriel

jueves, 16 de marzo de 2017

TEATRO TRIBUEÑE: PROGRAMACIÓN DE MARZO 2017




“Montaje vigoroso, contundente y esencial, de textura coral y solemnidad casi litúrgica”
Juan Ignacio García Garzón en ABC
 
 
“Nada de obra menor, obra grande, dura, teatro maldito, teatro de vísceras hecho con el corazón y con mucho, mucho cariño”
Alberto Morate – Blogdeentradas.com
“Un texto que ama los detalles, que ama las formas y los sentidos y que te lleva a través del viaje de la imaginación a lugares donde los deseos ocultos puede llegar a convertirse en realidad”
Ángel Silvelo Gabriel - Fragmentos
 
 

miércoles, 15 de marzo de 2017

CARLOS TAIBO, COMO SI NO PISASE EL SUELO: EL ROSTRO MÁS HUMANO DE LOS SILENCIOS Y MULTIPLICIDADES DE PESSOA


 
Una de las muchas frases que el poeta portugués dejó escritas antes de su muerte: «morir es sólo dejar de ser visible», con el tiempo, sin embargo, se ha convertido en una paradoja más de su vida y de su obra, porque igual que si fuera un fantasma que tiene la cualidad de la ubicuidad, Fernando Pessoa se no aparece aquí y allá, como un dibujo desfigurado de su pretendida y anónima esencia —a él no le gustaba salir retratado en fotografías no fuera a ser que en ellas perdiera parte de su alma— en llaveros, camisetas y carteles publicitarios que de cuando en cuando, y según pasa el tiempo, más de vez en vez, pueblan las fachadas y las tiendas de Lisboa como un reclamo turístico más a añadir a la saudade —término inclasificable, ingobernable e indefinible—, que eso sí, se difumina con la primera neblina que recubre Olissippo muchas mañanas. Un manto de seda que por muy literario, poético y bello que nos parezca, no es real, como tampoco es real la imagen del poeta que recubre gran parte de su amada ciudad, porque más allá de parecernos un fantasma de sí mismo, es la caricatura que el destino, su destino, se ha encargado de asignarle lejos de su leyenda literaria, que ésta sí, es directamente proporcional, al número de papeles, legajos o documentos que van saliendo a la luz, fruto del trabajo de documentación e investigación que sobre los mismos se lleva haciendo desde el año 1979 cuando fueron donados por sus familiares a la Biblioteca Nacional de Portugal. Ahí es donde en verdad conoceremos al escritor y al poeta, y donde a su vez, sale ganando el artista, pues sólo tiene que hacer frente al destino a través de su obra. En este sentido, y en nuestra ayuda, Carlos Taibo en su libro titulado, Como si no pisase el suelo (Trece ensayos sobre las vidas de Fernando Pessoa), nos muestra el rostro más humano de los silencios y multiplicidades de Pessoa a lo largo y ancho de su vida, parándose en esos pequeños detalles, casi anónimos, que buscan el lado más cotidiano de una personalidad tan compleja como la del lisboeta, sedentario en lo geográfico pero gran explorador en lo literario. Ese uno entre muchos, al que siempre se nos alude, aquí sale retratado desde la multiplicidad del día a día de quien sube y baja, se retrata y se borra, se envalentona para después retroceder…, y sobre todo, desde esa perspectiva donde le intuimos arrebatado y conquistado a la vez por sus múltiples contradicciones, porque igual que su arcón mágico está repleto de proyectos inacabados, su vida se nos presenta como algo inconcluso, heterogéneo, anárquico y lírico, como sólo puede serlo la existencia de los genios: uno en todos, y todos en uno, en una suerte de multiplicidades que se asemejan a las múltiples fotografías de una misma persona en movimiento, que al observarlas, una tras otra, en la distancia, se nos presentan como el rastro que esa persona ha dejado en el camino. Senda y pozo, heroicidad y ostracismo, libertad y muerte…, así vemos al rey de los heterónimos, un alma de almas, como él mismo dejó dicho para intentar explicar a los demás su distorsión personal y literaria en las infinitas voces que le acompañaron a lo largo de sus días. Días que representan la radiografía de una huida, pues eso parece decirnos en sus sempiternos silencios y ausencias que no dejaron más huellas que aquellas que no se ven dibujadas en el camino, pues él caminaba como si no pisase el suelo. Días consagrados a su obra literaria por encima de cualquier otra actividad, lo que le llevó a renunciar a vivir, a disfrutar del amor, a forjarse una carrera profesional o a labrarse un porvenir fuera de la literatura. Esa pincelada de vanidad, por muy tenue que fuese en la vida del poeta, al menos a él le trasladó la sensación de que incluso los dioses perdidos también tenían momentos de debilidad que los convertían en humanos: «No tengas nada en las manos/ ni una memoria en el alma,/ para que cuando te pongan/ en la mano el postrer óbolo,/ cuando luego te las abran/ de ellas no te caiga nada.» A lo que hay que unir, si queremos conocer mejor el universo del personaje, anécdotas como la de la Coca-cola: «primero se extraña y luego se entraña», o la del arrebato de pasión que le da cuando besa por primera vez a Ofélia Queirós: «Recuerdo que estaba de pie, poniéndome el abrigo, cuando entró en mi gabinete. Se sentó en mi silla, depositó la lámpara que traía en la mano y, mirado hacia mí, empezó de repente a declararse, como Hamlet se declaró a Ofélia… Fernando se levantó, con la lámpara en la mano, para acompañarme hasta la puerta. Pero, de repente, la depositó junto a la pared y, sin que yo lo esperase, me agarró por la cintura, me abrazó y, sin decir palabra, me besó, me besó apasionadamente como un loco.» O como esa otra leyenda que dice que con ocasión del medio siglo del fallecimiento del escritor, el día del aniversario de éste, el 13 de junio de 1985, se procedió a trasladar sus restos mortales al monasterio de los Jerónimos, en Belém, pero al abrir el ataúd, dicen que el cuerpo del poeta se hallaba incorrupto y su ropa intacta, por lo que se decidió dejarlo tal y como estaba, junto a Dionísia su abuela loca. 

Gracias a Carlos Taibo conocemos a la persona anárquica y contradictoria de la intimidad: la de sus cartas y confesiones, la de sus afectos y manías, la de sus proyectos e ilusiones…, y lo hacemos a través de un ensayo que está muy bien documentado y que nos dibuja el rostro más humano de los silencios y multiplicidades de Pessoa. 

Ángel Silvelo Gabriel. 

domingo, 12 de marzo de 2017

EL SOBRE.- MICRORRELATO DE ÁNGEL SILVELO GABRIEL


 
Mi oficio como corredor de seguros me lleva a prevenirlo todo. De ahí que no me preocupé cuando al salir del hotel bajo la coerción amenazadora de mi mujer, considerara que aquella decisión no era un acierto. Su devoción hacia la Virgen del Perpetuo Socorro anulaba cualquier otra alternativa. Y como en un juicio sumarísimo, aguardamos en silencio la decisión del maestro cofrade que, a modo de abogado defensor, miraba con desconfianza a la inmensa nube negra que nos amenazaba. Cuando comenzó a llover, las voces de los cofrades se convirtieron en lamentos, pero de ahí pasaron a la esperanza al ver salir de la iglesia el paso de la Virgen; un gesto que devino en consternación cuando comprobaron que la imagen era de metacrilato, la única cláusula que se me ocurrió incluir en el seguro para unir fe y riesgo. Mi mujer me miró con cara de odio, sin embargo, yo permanecí tranquilo, pues estaba acostumbrado a este tipo de reacciones entre mis clientes. Sólo le di el sobre y me fui a la taberna. Imaginé su cara al leer lo que había escrito: la fe mueve montañas, pero para el resto, contrata una buena póliza de seguros.
Microrrelato de Ángel Silvelo Gabriel

miércoles, 8 de marzo de 2017

8 DE MARZO DE 1914, LA NOCHE GLORIOSA EN LA QUE FERNANDO PESSOA DIO A LUZ A SUS HETERÓNIMOS


 
«Un día, cuando finalmente ya había desistido —fue el 8 de marzo de 1914— me acerqué a una cómoda alta y, tomando unos cuantos papeles, comencé a escribir de pie, como escribo siempre que puedo. Y escribí treinta y tantos poemas seguidos, en una especie de éxtasis cuya naturaleza no podía definir. Fue el día triunfal de mi vida, y nunca podré tener otro igual. Comencé con un título, “El guardián de rebaños”. Y lo que siguió fue la aparición de alguien en mí, al que de inmediato llamé Alberto Caeiro. Discúlpeme lo absurdo de la frase: había aparecido en mí mi maestro. Esa fue la sensación inmediata que tuve. Y tanto fue así que, apenas escritos esos treinta y tantos poemas, inmediatamente cogí otro papel y escribí, también sin parar, los seis poemas que constituyen “Lluvia oblicua”, de Fernando Pessoa. Inmediata y completamente… Fue el regreso de Fernando Pessoa-Alberto Caeiro a Fernando Pessoa a secas. O mejor: fue la reacción de Fernando Pessoa contra su inexistencia como Alberto Caeiro. Aparecido Alberto Caeiro, traté enseguida de descubrirle —instintiva y subconscientemente— unos discípulos. Arranqué de su falso paganismo al Ricardo Reis latente, le descubrí el nombre, y lo ajusté a sí mismo, porque a esas alturas ya lo veía. Y de pronto, y en derivación opuesta a la de Ricardo Reis, me surgió impetuosamente un nuevo individuo. De un tirón, y a máquina de escribir, sin interrupción ni enmienda, surgió la “Oda Triunfal” de Álvaro Campos —la oda con ese nombre y el hombre con el nombre que tiene.»

Extracto de la famosa carta que Fernando Pessoa envía, el 13 de enero de 1935, al joven Adolfo Casais Monteiro en la que confesaba la génesis de sus heterónimos

 

EL GUARDÍAN DE REBAÑOS (Extracto del primer poema)

«Yo nunca guardé rebaños,

mas es como silos guardase.

Mi alma es como un pastor,

conoce el viento y el sol

y anda de la mano de las Estaciones

siguiendo y mirando.

Toda la paz de la Naturaleza sin nadie

viene a sentarse a mi lado.

Pero yo me quedo tan triste como una puesta de sol

lo es para nuestra imaginación,

cuando refresca en el confín de la llanura

y sentimos que la noche ha entrado

como una mariposa por la ventana.»
 

Alberto Caeiro (heterónimo de Fernando Pessoa).

 
Artículo de Ángel Silvelo Gabriel. 

MI MADRE.- MICRORRELATO DE ÁNGEL SILVELO EN EL DÍA INTERNACIONAL DE LA MUJER TRABAJADORA


 
La miro y sólo veo lágrimas de acero que recorren sus agrietadas mejillas. No son intangibles como las de la nana de la cebolla, pero son tan reales, que trascienden a su mirada y a mis sentimientos. Lo que otrora fuera una cara llena de luz, hoy es una tez marchita y apagada. Cuando la miro me pregunto por qué, y no puedo dejar de pensar en la crisis. A ella, cuando era joven ya le hablaron de un mundo mejor, un mundo le decían, que junto a otros iba a cambiar. En ese tiempo nadie le habló de la igualdad de oportunidades, sólo le dieron una herramienta de trabajo y un horario que cumplir. ¡Qué peligroso es atesorar sueños que con el paso del tiempo te das cuenta que no se van a cumplir!, sobre todo, cuando el caprichoso destino que rige nuestras vidas llega cargado de una insoportable sinrazón, y su ímpetu, nos deja sin argumentos. Hoy, el destino, ha querido que me toque a mí —su única hija— levantarla de su revés final, y convencerla que a pesar de que hoy le han dicho que no hace falta que vuelva a trabajar mañana, no tiene por qué preocuparse, porque esta noticia no es más que otro eslabón en la cadena de su existencia —¡qué ironía!—. A pesar de todo, la cojo de la mano, y simplemente le digo: «¡mamá, mírame y no llores más! Al menos yo, que soy tu hija, te digo que tu esfuerzo ha merecido la pena».
Microrrelato de Ángel Silvelo Gabriel

lunes, 6 de marzo de 2017

LA COMPAÑÍA TRIBUEÑE REPRESENTARÁ AL COMPLETO, EN EL CICLO DE BELLAS ARTES DE MADRID, EL RETABLO DE LA AVARICIA, LA LUJURIA Y LA MUERTE DE VALLE-INCLÁN, DIRIGIDO POR IRINA KOUBERSKAYA: VIERNES 24 DE MARZO


El viernes 24 de marzo la Compañía Tribueñe representará completo, en el Círculo de Bellas Artes, el “Retablo de la avaricia, la lujuria y la muerte”, de Valle-Inclán, dirigido por Irina Kouberskaya.

Este evento único, maratón de 7 horas, comenzará a las 19.00 horas con la obra “Ligazón”, seguida de “La rosa de papel” (20.30h), “La cabeza del Bautista” (22.15h) y “El embrujado” (00.00h). Los descansos estarán amenizados por sabores de Galicia: vino, empanada, música, bailes folclóricos…

¡Vive la catarsis teatral de Tribueñe con Valle-Inclán!

Puedes conseguir tus entradas o abono para todas las obras en la web del Círculo de Bellas Artes:  
http://www.circulobellasartes.com/eventos/retablo-avaricia-lujuria-muerte/

domingo, 5 de marzo de 2017

ESPEJOS Y ESPEJISMOS.- MICRORRELATO DE ÁNGEL SILVELO


 
Leyó la nota que le habían dejado esta mañana junto a su cama: «es tu cumpleaños», decía. Estaba como noqueado, y sólo se le ocurrió sostener la fotografía que iba junto a la nota lo más fuerte que pudo. Vagamente recordó que el que sostenía la copa como campeón de mus era él. Le dio la vuelta y leyó: «promoción del cincuenta y dos». Imaginó ese día, pero sólo pudo recordar petardos y chanclas (espejos).

Tocó la tecla blanca del piano… y luego la negra, y con ello, ahuyentó a la tormenta del olvido. Cuando era pequeño le apasionaban los juegos de magia. El que más le gustaba era el de la chistera de doble fondo. Esa era su herencia familiar, un conejo bajo la chistera que luego trasladó a su batalla diaria de togas negras y puñetas blancas mezcladas con legajos, recursos y pleitos (espejismos).
 
Microrrelato de Ángel Silvelo Gabriel

jueves, 2 de marzo de 2017

TEATRO TRIBUEÑE: PROGRAMACIÓN MARZO 2017


 
 

Magníficas actrices moviéndose brillantemente entre sugerentes simbologías” 
Rosana Torres - El País


 “En este retablo afloran todos los misterios y realidades de Valle: vanguardismo, erotismo, simbolismo, crítica social y tradición radicalmente española”
Javier Villán - El Mundo


 Lorca cien por cien… una pieza única y sensacional… un espectáculo redondo”
Iria F. Silva – Hoyenlacity

 “Nada de obra menor, obra grande, dura, teatro maldito, teatro de vísceras hecho con el corazón y con mucho, mucho cariño”
Alberto Morate – Blogdeentradas.com


Arte dentro del arte[…] obra, genial por momentos, irónica y sarcástica en otros. Es una obra maestra, sin duda. No se la pierdan”
Ángel Silvelo Gabriel - Fragmentos
 
“Cada momento musical, cada escena teatral, todo el espectáculo, las emociones vibrando”
 
 

miércoles, 1 de marzo de 2017

BOB DYLAN Y SU NOBEL.- ARTÍCULO DE MANU DE ORDOÑANA, ANA MERINO Y ANE MAYOZ

 
¿Son mis canciones literatura?” Tras la aprobación del Premio Nobel de Literatura, el propio Robert Allen Zimmerman (su admiración por el poeta Dylan Thomas le llevó a adoptar el seudónimo de Bob Dylan) se manifestó así. En ese momento, muchos consideraron a Leonard Cohen como un candidato más acorde, puesto que él declaró que nació con la ambición de ser escritor. La polémica está servida; si el mismo premiado se lo cuestiona, ¿qué no dirán los demás? Nuestra intención es presentar todas las voces que han expuesto algo significativo al respecto.
 
He aquí las opiniones de los que se expresaron a favor de la concesión del premio: “El Nobel de este año está justificado y es merecido. Este premio significa una necesaria apertura conceptual, en un sentido antiacadémico y moderno”, lo sentencia el poeta Juan Bufill. “A ver si recordamos que la poesía de los trovadores toda fue escrita para ser cantada. Y nadie lo discute», indica Pere Gimferrer. Otro escritor, Joan-Lluís Lluís, recalca: “Me satisface enormemente porque así que sea un poco más fácil defender que la canción no es solo un estilo musical sino un género literario completo». Lorenzo Silva ha indicado que él no dirá que no tenga mérito literario o que no merezca recibir el Premio. Y Jaume Subirana está convencido de que “a veces está bien aceptar que la literatura puede ser (y quiere ser) más cosas que lo que nosotros creemos o de lo que nos gusta”.
 
Jennifer Croft afirma: “Como traductora de Tokarczuk al inglés, y ex estudiante de Yevtushenko (ambos candidatos al premio) no estoy indignada. En mi opinión, Dylan es la elección perfecta para el premio de este año”. Confiesa que lo descubrió hace unos pocos años y añade: “Para que la literatura sirva de algo, debe alcanzar a sus lectores y oyentes. Y eso es justo lo que hace Bob Dylan”.
 
“Dylan es uno de los más grandes bardos y juglares norteamericanos del siglo XX y sus palabras han influido en varias generaciones de hombres y mujeres de todo el mundo”, afirma el poeta estadounidense Allen Ginsberg. Él y Gordon Ball (profesor de la Universidad de Virginia) crearon ya en 1996 un comité para promover su candidatura a este premio. Además, en un documental de Martin Scorsese, No Direction Home, el retrato de Dylan se concibe como el de un hombre poseído por el hecho literario.
 
Sus traductores están convencidos de que ha conseguido una síntesis muy difícil entre tradiciones musicales y literarias. Exceptuando lo bíblico, que es un elemento central que está ya desde sus primeras canciones, y Shakespeare, las distintas lecturas que Dylan va haciendo en cada época aparecen en sus canciones: lo absorbe todo. Empieza por Rimbaud, después Petrarca, decenas y decenas de citas tomadas del blues y del country… Dylan roba con descaro por todos los lados, hasta de los titulares de los diarios, y no lo oculta, son apropiaciones más que alusiones”, añade José Moreno.
 
 Y aquí quienes están más que molestos por el galardón:
“Con lo que cuesta que se asimile buena literatura con esfuerzo intelectual, va la academia y bendice la playlist como género literario”, es la valoración del novelista Enrique de Hériz. La escritora Care Santos tiene claro que Dylan es todo (cantautor, músico, compositor de canciones) excepto escritor. Esta opinión también la comparte Mario Vargas Llosa, quien ve la decisión de este año de la Academia sueca como una frivolización de la cultura. Y Darío Villanueva piensa que “es un gran artista de la canción, sus letras son eficaces, pero literariamente muy poco sofisticadas”. “Más que un premio parece un auto premio, el que la Academia Sueca se ha dado a sí misma, en forma de golpe de efecto mediático”, opinión del escritor y periodista Ernest Farrés Junyent. Pero además añade: “Que es un premio a la palabra es evidente. No lo es a la fusión de lenguajes. No lo es a un intérprete. Lo es a un autor de textos, o sea, a un escritor. Pero Bob Dylan es una estrella del rock”.
 
La academia sueca ha justificado el galardón así: “Su obra se ha caracterizado por una nueva expresión poética. “Un gran poeta en la tradición en lengua inglesa, muy original” y que durante 54 años “ha seguido actuando y reinventándose a sí mismo, creando una nueva identidad”. A su vez, subraya su “profunda influencia en la música contemporánea” y lo define como “icono”. También destaca sus trabajos literarios experimentales, como Tarántula y la colección Writings and drawings.
 
El crítico, historiador literario y miembro de la Academia desde 1997, Horace Engdahl agrega: “Gracias a su obra, ha cambiado nuestra idea de qué puede ser la poesía y cómo funciona”. Otro miembro de la Academia, Per Wastberg, sostuvo que “es probablemente el más grande poeta vivo”.
 
Otro punto a tener en cuenta es la relación del músico con los distintos y numerosísimos premios que le han concedido hasta el momento. En los dos únicos discursos que dio tras haber recibido el Tom Paine Award (en 1963) y el MusiCares Person Of TheYear (en 2015) surgió el escándalo. En el primero porque sacó a colación al muchacho que asesinó a Kennedy y en el otro porque se preguntaba por el trato especial que le daban los críticos, al meterse con él. En 1970, recogió el nombramiento de la Universidad de Princeton como Doctor Honoris Causa en Música, pero se sintió tan incómodo que reflejó su sentimiento en una canción “Day Of TheLocusts”. En Francia aprovechan sus giras por el país para asegurarse de que comparezca: la Orden de las Artes y las Letras (1990) y La legión de honor (2013). Sí que ha recogido muchos más premios y en la mayoría no hizo más que cantar. Pero también es verdad que no ha asistido a multitud de ceremonias, el Premio Príncipe de Asturias de las Artes en 2007, entre otros, (pues se encontraba en Nebraska).
Además, Dylan ha sido reconocido con distintos galardones, entre ellos el premio Pulitzer, otorgado por la Universidad de Columbia, los periódicos Washington Post y New York Times y la agencia Reuters, por “su profundo impacto en la música y la cultura popular americana, gracias al poder poético de sus composiciones“.
 
Quizá necesitemos valorar los comentarios de Carlos Vargas para entender mejor al músico. Afirma que no acepta el Premio no porque sea descortés y arrogante, sino porque “él es quien es”, tal como lo mencionó Wästberg, en el mayor diario sueco. “Hay que profundizar en la obra lírica de Dylan y en su historia de vida para poder leer entre líneas y entender que él es el menos interesado en recibir un premio de este género y procedencia, ya que, de aceptar el premio transitaría hacia el reconocimiento del establishment y esto es contra lo que ha lidiado y censurado desde que escribe sus letras, sus poemas, su literatura de contracultura. Dylan nunca se identificó ni se identifica con lo conservador, tuvo inquietudes desde niño por el cine y la música. Aprendió por su cuenta a tocar la guitarra. Leyó y lo influyó de manera muy importante el libro, llevado al cine BoundforGlory, de Woody Guthrie, fue un estilo de vida para Bob Dylan. Creemos que en él los premios no forman parte de su esencia”. Hay que matizar que estas palabras fueron escritas antes de que Dylan se pronunciara sobre la aceptación del premio. Y chocan, y mucho, si tenemos en cuenta todo lo que ha recibido.
 
Hasta aquí nuestra intención de poner en la palestra todas las partes para que luego cada uno saque sus conclusiones. En esta sociedad en la que vivimos todo es susceptible de ser criticado; un premio de este renombre (cuando declina asistir a la ceremonia, pero se embolsa el jugoso dinero), más.
 
Artículo de Manu de Ordoñana, Ana Merino y Ane Mayoz