Tiempo de comunicaciones rotas

Tiempo de comunicaciones rotas

viernes, 19 de diciembre de 2014

FRAGMENTOS: MIS MEJORES LECTURAS DEL AÑO 2014

Este año para mí será el año de John Keats, pero mi novela, como es lógico no entra en esta lista, absolutamente subjetiva, que no tiene ningún valor, más allá del afán por resaltar aquellas novelas o libros de relatos que más me han impactado como lector. Esta lista no guarda ningún orden de preferencia o distinción, y simplemente, si unos libros aparecen antes que otros es porque los he leído con anterioridad. Así, su orden es el cronológico de mis lecturas. Lecturas equivocadas, añado; un matiz que todos aquellos que ya se hayan acercado a la antología de relatos de la Generación Subway sabrán por qué las llamo así. La literatura nos cincela nuestros días y nos va dibujando la silueta como el mejor de los escultores posibles, y cada uno de nosotros, somos el compendio de muchas circunstancias vitales, y nuestras lecturas es una de ellas. Por razones obvias me he saltado los libros de mis compañeros de viaje en la editorial Playa de Ákaba que, este año, han ocupado una buena parte de mis viajes literarios de ida y vuelta en el metro de casa al trabajo y viceversa; un conjunto de escritores que, como nuevos conquistadores, han conseguido llegar a la orilla de una playa desde donde ver un nuevo horizonte. Uno, que ya ha llegado a la orilla, ahora espera no cegarse con la luz que cada nuevo día alumbra la hazaña propia en forma de libro publicado, y simplemente, espera paciente a todos aquellos que poco a poco se irán sumando a quienes ya lo conseguimos.
 
 
JOHN WILLIAMS, STONER: LAS RAÍCES DE LA VERDAD SOBRE LA VIDA
Este, sin duda, es el mejor libro que he leído en todo el año, y para mi suerte, mi primera lectura del 2014, aunque su publicación sea anterior. Leyendo este último libro de John Williams uno cree acariciar es otra realidad que marcha a oscuras sin que nosotros sepamos salir de ella. La estoicidad del protagonista de esta novela ante las adversidades y pruebas que le va presentando la vida, me recuerdan mucho a esa Alice Munro callada que, haciendo caso omiso a los silencios de la vida cotidiana, creó todo un imperio literario a través de sus relatos. Aquí, John Williams se arma de valor y escudriña con todo el miedo del que es capaz de afrontar, las raíces de la verdad sobre la vida. Como dije en la reseña de esta novela: "en ciertas ocasiones la vida se comporta como un manto invisible que nos aísla de los demás, y nuestra única salida es la del héroe anónimo e invisible que lucha contra ese persistente elemento del que no sabemos zafarnos. Sin embargo, lo que desconocemos, es que ese gesto de heroicidad también es anónimo e invisible, porque la lucha no es solo contra el elemento persistente que nos aísla, sino también contra nosotros mismos, pues en nuestras coordenadas biológicas tenemos remarcada (en un fuerte color rojo) la invisibilidad del anonimato universal. En esta novela, las raíces de la verdad sobre la vida se dan la mano con el daño universal que impregna a la dureza, el hambre, la resistencia y el dolor en cada uno de los actos biográficos de Stoner; un protagonista que representa como nadie la figura del antihéroe, pero que, como todo gran personaje literario que se precie, sale triunfal en su lucha por la supervivencia. No hay nada más bello que sostener la propia existencia bajo el signo de aquellos valores que nos hacen ser mejores cada día; esos valores tan profundamente olvidados por la sociedad actual. En este sentido, el trabajo, el sacrificio y la renuncia, son algunos de los principios que impregnan el carácter de un hombre que, para salvarse a sí mismo, y a los que conviven con él, se refugia en la literatura. Aquí, una vez más, la literatura es un bálsamo con el que intentar curar las heridas de una cotidianeidad árida y cruel para, entre otros, con el más puro de los sentimientos humanos: el amor".
 
THOMAS WOLFE, ESPECULACIÓN: UN EVOCADOR RETRATO DE LA PÉRDIDA DE LOS SUEÑOS
Thomas Wolfe es el escritor por excelencia de la evocación y de la melancolía, pues en muy pocas palabras, nos hace sentir esa envidia sana de haber escrito lo que él escribió, y por encima de eso, de la forma en la que él lo consiguió, como en su día muy bien apuntó Jack Kerouac. En este sentido, la narrativa presente en Especulación es intensa, melancólica y desgraciadamente actual, adjetivos que son solo pequeños retazos de la fuerza que en sí misma tiene la prosa de Thomas Wolfe. Sus palabras, sus frases, sus párrafos, las imágenes que nos proponen y los sueños que engendran son un evocador retrato de la pérdida de los sueños, porque por encima del drama de la codicia tan presente en la novela, a través de su lectura asistimos también a esa otra pátina que atesora el ser humano, la del poder de los sueños. Atrapar el pasado y con él parte de nuestra vida se convierte para John, protagonista de Especulación, en el fin más importante de su existencia. Recordar su pasado es encontrase a sí mismo, pues con ello, podrá afrontar mejor su futuro. Nada más evocador que un tren, su silbido, el humo de la locomotora o ese travelling infinito a lo largo del vasto territorio de los EE.UU., para sentir, y hacernos sentir, que la vida pasa rápidamente y que necesitamos de los recuerdos para seguir viviendo. Sin embargo, no hay una mayor pesadilla que despertarse y enfrentarnos a un mundo sin recuerdos, que es justo lo que le ocurre a John, protagonista y narrador omnisciente de la historia que se nos cuenta en Especulación, porque la banal excusa del progreso basado en la especulación urbanística que llena de dinero los bolsillos de unos cuantos (efímera y falsa felicidad) no es suficiente para convocarnos entorno al progreso, pues ese arma de doble filo, borra del perfil de nuestra memoria las imágenes de nuestros recuerdos, esas que necesitamos para de vez en cuando acunar a nuestros sueños. ¿Y ante esa locura colectiva qué podemos hacer?, cabría preguntarse. Desgraciadamente nada, pues un hombre solo no puede derrotar a toda una ciudad y a ese sentimiento tan mezquino que la arrogancia de la codicia. No hay nada más triste que comprobar que los comportamientos de los seres humanos se repiten cíclicamente sin la aparente posibilidad del aprendizaje de los errores pasados. De ahí, que la única solución sea coger de nuevo el tren para que nos lleve a otras ciudades y a otros lugares, donde la luz que nos ilumine sea la de un farol que alumbra de una forma tenue la calle, para de esa manera, hacernos creer que estamos en el lugar adecuado; ese lugar en el que de vez en cuando necesitamos perdernos para reconocernos a nosotros mismos”. 
 
 
CARLOS CASTÁN, SOLO DE LO PERDIDO: LA ENCRUCIJADA DE LOS DESEOS ROTOS
Para muchos, Carlos Castán es uno de los mejores cuentistas vivos que hay en España, y este libro es el mejor reflejo de esa afirmación tan categórica como cierta. Yo retraté así este maravilloso libro de relatos: ¿qué rastro queda de nuestras vidas?, si acaso una sombra que desaparece al instante, en ese efímero momento en el que aceleramos el paso. De ahí, que acaparar recuerdos sea tan difícil como reconstruir nuestros sueños a través de unas sombras que se nos escapan de las manos cual fugaz deseo. Solo de lo perdido es eso y mucho más, porque también podríamos decir que los cuentos de este libro son lo más parecido a la encrucijada de los deseos rotos, como rotos son también esos anhelos no cumplidos en un día de Reyes. A pesar de todo, la vida es un regalo y, en cada uno de nosotros existe la posibilidad –por muy pequeña que sea esta– de modelarla a nuestro modo y manera. Castán se refugia en la melancolía más intensa para darle forma a las múltiples existencias que crea, preñándolas de ojos imposibles, medias de cristal, miradas perdidas… y esa última necesidad de poseer los deseos. Es por eso, que sus personajes siempre andan buscando lo imposible, esa nada que no existe, pero que para los protagonistas de sus historias es lo más importante de la vida; esa vida que transcurre en pequeños instantes como nos recordaba Paul Bowles cuando nos decía: “...todas las cosas ocurren solo un cierto número de veces, en realidad muy pocas. ¿Cuántas veces recordarás cierta tarde de tu infancia, una tarde que es parte entrañable de tu ser y que no puedes concebir siquiera tu vida sin ella? Quizá cuatro o cinco veces más. Quizá ni eso...”. La prosa de Castán es bella y sublime como pocas, enterrada en las raíces de, por ejemplo,  Marguerite Duras, y esa musicalidad del amor que empuja y se retira como una ola que nunca se cansa de batir su silueta en la misma playa”.
 
CHRISTOPHER MORLEY, LA LIBRERÍA AMBULANTE: UNA GRAN AVENTURA ENTORNO AL MUNDO DE LOS LIBROS
Hay que darle las gracias a Christopher Morley por colocar de protagonista de esta deliciosa historia a los libros. Los libros como la mayor de las excusas de una vida y de una forma de entender la existencia, y él, de una manera, tan asombrosa como sencilla, lo consigue, pues nos mantiene, atentos, a todos y cada uno de los sucesos de esta maravillosa librería ambulante. A mí, su lectura me produjo esta impresión: “nunca somos conscientes de dónde se encuentra el día en el que todo cambia. Aquel, en el que las sombras en las que nos hallamos metidos de una forma perenne desparecen de repente y todo se convierte en luz. Sombras y luz, vida y renuncia, miedo y misterio se agolpan en nuestras biografías hasta que algo cambia y ese muro de contención que nos mantenía ciegos se derrumba. Entonces, nuestra mirada hacia el mundo se vuelve otra, como si acabásemos de nacer mucho tiempo después de salir del vientre de nuestra madre. Esa especie de nuevo alumbramiento resulta mágico si viene acompañado de los libros. Libros como forma de vida, como medicina que cura el cuerpo y el alma, como alimento a un estómago hambriento pero a la vez agradecido. Ese amor infinito por los libros y la literatura es con el que Christopher Morley impregna cada hoja de esta pequeña joya literaria. Ese Quijote americano que es Roger Mifflin es una fuente inagotable de dicha ante los contratiempos, ese foco de luz que todos necesitamos en nuestras vidas, y en el que el narrador deposita la varita mágica de los sueños. Nadie que comience a leer La librería ambulante podrá dejar de soñar y sentirse bien consigo mismo, pues en esa gran capacidad evocadora y de ensoñación que nos proponer el narrador uno llega a ser feliz. Feliz porque sabe que otro mundo es posible. Feliz porque no hay nada mejor que regalar al prójimo un poco de vida a través de los libros. Y eso es lo que hace Mifflin con su Parnaso, iluminar a esa América profunda donde como un microcosmos del mundo descansa y se dibuja lo mejor y lo peor del ser humano. Mifflin es ese gran maestro de ceremonias de esta gran aventura entorno al mundo de los libros, cuyo contrapeso magistral y único encuentra su ser en Helen McGill, que representa como nadie la bondad de las gentes sencillas que a su vez poseen un gran potencial dentro de sí mismas, los que las convierten en la mejor versión del todo es posible. Helen es esa especie de asidero que toda aventura precisa para seguir adelante y llegar a buen puerto, y de ese modo, se convierte en la heroína que toda novela de aventuras debe de tener. Con una sencillez apabullante, pero con una precisión de gran maestro, Christopher Morley nos hace reír y soñar como a niños, y se divierte con nosotros y nos traslada a esas rendijas del alma humana que nos hacen concebir la vida como algo único y maravilloso. Sencillamente genial”.
 
ANDRÉS ORTIZ TAFUR, CAMINOS QUE CONDUCEN A ESTO: LAS RENDIJAS POR DONDE SE ESCAPAN LA SILUETAS DE LOS SUEÑOS
De este escritor y de su forma de ver y entender la literatura ya lo he dicho casi todo. Si algo queda por decir, dejo aquí el inicio de la reseña que le hice cuando leí su increíble, por majestuoso, libro de relatos Caminos que conducen a esto. Andrés Ortiz Tafur dejó la vida que llevaba para retirarse a la sierra jienense a escribir. El resultado de sus primeras pesquisas son este conjunto de relatos: “la necesidad de soñar es inherente al ser humano, si no, ¿de qué valdría vivir una vida apegada a esa realidad de la que tanto renegamos? Andrés Ortiz lo sabe muy bien y nos regala veinticuatro bocados de aire fresco en los que el ser humano se enfrenta a su otro yo, ese que nos aguarda cuando estamos solos sin poder dormir bocarriba en la cama, o ese que nos aborda cuando nos proponen aquello que nunca imaginamos que podría tener cabida en el mundo real. Andrés Ortiz juega a repreguntarse la vida desde el otro lado, ese en el que no se despacha más que bebidas sin razón aparente, pero con una aplastante humanidad que, en ocasiones, nos deja sin aliento. Ese es uno de los grandes aciertos de esta recopilación de relatos: la sorpresa, la diferencia, el hacernos encontrar bien ante un hombre color azul cobalto de una estatura visiblemente inferior a la normal... ese otro mundo es el que presenta este relatista jienenses como una suerte de caminos que conducen a esto de una forma tan natural, que no pretende asustarnos, aunque sí sorprendernos. A través de sus palabras, revivimos de una forma sencilla la necesidad de cambiar la realidad, por ejemplo, a través de una naranja de cuya cáscara es blanca, o con esa mujer barbuda que el destino la hace, esta vez sí, enfrentar sus sueños como ser individual frente al resto de los sueños del mundo. Porque, ¿quién no ha tenido el miedo a que nos rompan el molde de las reglas y de esa forma derribar nuestro sueños?”
 
VICENTE VALERO, LOS EXTRAÑOS: RECONSTRUYENDO LAS BIOGRAFÍAS DE LOS RECUERDOS
Uno de los libros del año, según los eruditos que se dedican al mundo de la reseña literaria, y que contiene esa necesidad de dar vida a aquellos que, por unas u otras razones, son seres anónimos. Esta reconstrucción de la memoria es un empeño que Vicente Valero consigue con grandes dosis de maestría literaria: “el acierto de Vicente Valero a la hora de plantearnos cada una de las historias, es el de mostrárnoslas a través de una tensión narrativa, que en forma de enigmas, el narrador nos va resolviendo a medida que avanza la lectura de cada uno de los relatos, para de esa forma hacerse con la atención de lector hasta el final. Las tres primeras: Breve historia del teniente Marí Juan, Reaparición y muerte de nuestro tío Alberto, y Danzas y olvidos del artista Cervera, tienen una estructura similar, pues todas ellas deviene en dos partes, en las que las primeras siempre son el foco de atención que sitúan al lector dentro del personaje, y las segunda, donde Valero da una salida o solución a cada una de las vidas planteadas que, al hacerlo de una forma amena y muy cercana, hacen que el lector se identifique con facilidad y naturalidad con aquello que le están contando. Este rescate de la memoria tiene un ingrediente más sentimental o melancólico en la última de las historias, La tumba del comandante Chico, donde el relato de Valero nos recuerda a las partes de la reconstrucción de pasado que Javier Cercas adoptó en su famosa novela Soldados de Salamina. Esa recreación de una vida que acaba en el mayor de los olvidos, se transforma aquí en una reivindicación sin tapujos de este extraño que, a pesar de sus dotes para haber sido una eminencia de su tiempo, acaba difuminado (por sus ideales) en una biografía de perdedor. Un perdedor que por arte de la literatura, en este caso, se convierte en la viva imagen de aquellos héroes anónimos que dejan de serlo cada vez que alguien se acerca a leer su particular historia”.
 
IRÈNE NÉMIROVSKY, LOS BIENES DE ESTE MUNDO: UNA GRAN NOVELA-MUNDO
La gran dama de las letras ucranianas, francesas y europeas, en esta novela nos demuestra todas y cada una de las huellas que plasmará en su obra maestra, Suite francesa. Los bienes de este mundo es una de esas ocasiones en las que un lector se siente reconfortado con la lectura. “la habilidad y maestría con la que Irène Némirovsky es capaz de convertir vidas de personas particulares y anónimas en grandes epopeyas de la vida y del ser humano no deja de sorprendernos, por mucho que sepamos y conozcamos la habilidad de la escritora ucraniana a la hora de retratar lo realmente importante. Esa capacidad de síntesis, aparte de mantenernos en tensión durante la lectura del texto, nos proporciona casi sin enterarnos esa panorámica única y cenital del ser humano. Los hechos que se narran en Los bienes de este mundo están escritos casi a la vez que sucedían en la realidad, y esa translación mágica del espacio-tiempo, Némirovsky la maneja magistralmente. De ahí que asistamos, casi sin mediar palabra, a la narración de las vidas de una familia burguesa de la Francia del norte, de la mano de los convulsos acontecimientos que vivió Europa en la primera mitad del siglo XX, alcanzando grandes cotas narrativas, justo las anteriores a las que para los críticos es su obra maestra, Suite francesa. Ese nomadismo sentimental y terrenal que nos muestra la autora —y al que ella no es ajena— nos dibuja un mapa de alteraciones vitales difícilmente superables, pues es capaz de retratarnos con una fidelidad pasmosa el devenir y los pensamientos de Pierre, un joven que, con el paso del tiempo, se convierte en un hombre maduro, o el de una mujer, Agnés, que ha vivido y vivirá solo para el amor del que al final ha sido su marido. Pero no se nos debe olvidar que, en ese baúl, también podemos introducir la avaricia del patriarca de los Hardelot o su ceguera sentimental, pues su egoísmo es tan opaco como la luz dentro de una cueva. Una semblanza que también se retrata a la perfección en el personaje de Simone, víctima de su propia codicia y de la asunción de un destino que por sí misma nunca podría haber conseguido, lo que la lleva a representar a la venganza. La tercera generación, sí, porque en esta novela-mundo cabe todo, nos vuelve a mostrar esa condena a la que está supeditado el ser humano, pues los errores de Guy y Rose, son muy parecidos a los de sus padres, y a buen seguro, a los que cometerán sus propios hijos años más tarde. El ser humano es una especie de de hámster condenado a dar vueltas hasta el final de sus días en una eterna rueda que no es capaz de adivinar otro movimiento que el del giro sobre sí mismo”.   
 
Ángel Silvelo Gabriel.

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