Tiempo de comunicaciones rotas

Tiempo de comunicaciones rotas

viernes, 29 de agosto de 2014

MARWAN EN MADRID EL 25 DE SEPTIEMBRE


Después de mi gira por Latinoamérica vuelvo a MADRID repleto de ganas y de historias que contar. Os dejo la info por si os apetece venir.


MADRID

FECHA: Jueves 25 de SEPTIEMBRE
LUGAR: GALILEO GALILEI
HORA: 21:00h
ENTREDAS:
https://www.ticketea.com/entradas-marwan-en-madrid/

jueves, 28 de agosto de 2014

LA EDITORIAL PLAYA DE ÁKABA BUSCA AUTORES INTERESADOS EN PARTICIPAR EN EL Nº1 DE SU REVISTA DIGITAL, CUYO LEMA SERÁ "BARCELONA, ANIMAL LITERARIO"

 
Protocolo de envío de textos revista digital Playa de Ákaba
  
Playa de Ákaba es una editorial independiente nacida el 17 de noviembre de 2012 de la mano de Lorenzo Silva y Noemí Trujillo. Hoy por hoy, contamos en el equipo de editores también con la periodista y escritora Ana María Trillo.
 
Playa de Ákaba se ha distinguido, desde su nacimiento, por la apuesta por la poesía contemporánea en su catálogo (12 títulos de los 20 que hay activos en el catálogo), y por buscar nuevas voces y dar salida al trabajo de autores no conocidos.
 
Además de editorial, Playa de Ákaba desarrolla proyectos de gestión cultural, como El Día Diderot o el Festival Literario « Carboneras Literaria».
 
Playa de Ákaba vende todos sus libros en formato epub, sin DRM, con precios más que competitivos ( de 1,99 a 2,99) desde su página web:
 
 
Playa de Ákaba creó en 2013 una revista digital con la intención de dar a los lectores más información sobre nuestros autores y nuestros actos:
 
 
En un deseo más ambicioso y literario, ahora, en 2014, nos planteamos publicar 4 números especiales de la revista digital al año, con propósito literario, en la que dar publicidad a nuestros autores y nuestros libros, pero también abrir la puerta a nuevas voces, a nuevos autores, que puedan conocer nuestro trabajo y promover el suyo.
 
Con este deseo, nacerá en el mes de octubre, el primer número de la revista literaria Playa de Ákaba, que tiene por tema «Barcelona, animal literario» y en la que deseamos recoger artículos, microrrelatos, textos y poemas ambientados en Barcelona.
 
Los requisitos de envío de textos para su publicación son los siguientes:
 
El autor acepta enviar y publicar sus textos, bien sean artículos de opción, de crítica, ensayos, relatos, microrrelatos o poemas, de forma gratuita, ya que la revista digital se distribuirá de forma gratuita también para los lectores a través de nuestra red y contactos de internet.
 
El autor acepta que se publiquen sus textos, tanto en formato digital como en papel, y la editorial le informa de que se distribuirán siempre de forma gratuita.
 
Los textos deben enviarse junto a un breve CV según la plantilla que adjuntamos.
 
Los textos se enviarán en castellano, ya que la revista se distribuirá de forma gratuita a través de la red en todo el mundo.
 
En el caso de los poemas, se enviarán 4 poemas, para seguir una unidad en el diseño con todos los autores, acompañados de un breve CV del autor/a, los enlaces a sus blogs o páginas web y una fotografía con buena calidad del autor (opcional).
 
Los autores que sean seleccionados para la publicación en la revista aceptan que la editorial haga toda la difusión y promoción que considere necesaria, nombrando siempre su autoría.
 
Los textos deben entregarse en letra Times New Roman, tamaño 12, interlineado 1,5 en el mail : revistadigital.playadeakaba@gmail.com.


miércoles, 27 de agosto de 2014

GUILLERMO MASEDO, MEDALLA DE BRONCE EN LA EXPOSICIÓN DE PENSIONADOS DEL CURSO DE PINTURA DE PAISAJE DE LA REAL ACADEMIA DE HISTORIA Y ARTE DE SAN QUIRCE, SEGOVIA 2014: TRANSFORMANDO LOS LÍMITES DEL HORIZONTE



La dilatada carrera del joven artista Guillermo Pérez Masedo no deja de marcar hitos en forma de distinciones allí donde tiene la oportunidad de llegar. Y en todas ellas, su incontestable madurez sigue evocando una misma propuesta: la transformación de la realidad a través de su pintura; una necesidad que ya existía en aquellos primeros cuadros donde de una forma tímida todavía no se atrevía a mostrarnos sus grandes capacidades como dibujante y pintor, y que en uno y otro caso, desembocaban y desembocan, en esa última necesidad de la transformación. Su pintura es quizá, hoy en día, el mejor reflejo de lo que la joven pintura española es capaz de llegar a conseguir en la búsqueda de nuevas fórmulas que trasgreden y se confrontan a los demiurgos de la abstracción o los minimalismo más insulsos. Parece que todo vale, pero en tiempos de crisis como los que vivimos ya no parece que sea así. Una afirmación para nada banal, y que pudieron comprobar todos aquellos que se acercaron al Palacio de la Alhóndiga entre el 20 y 24 de agosto pasado, pues fueron testigos directos de lo que digo.


En esta ocasión, Guillermo Masedo entendió muy bien que en una beca de paisaje como era la beca de la Real Academia de Historia y Arte de San Quirce de Segovia, lo importante era enfrentar su mirada con el horizonte, y no solo eso, porque tenía que hacerlo a través de una pintura al natural con la que dotar a sus cuadros de la luz y el color de la ciudad castellana y su entorno. Y a fe que lo consiguió, pues no cabe sino admirar sus magníficas imágenes de los horizontes de una tierra castellana que se rompe contra un campo infinito y omnipresente, como si de un poema de Antonio Machado se tratara. Campos de Castilla que esta vez se desdoblan en mágicas escenas que delimitan un horizonte pleno de luz y energía y nos indican esa capacidad del pintor para romper el falso y monótono plano unidimensional hasta convertirlo en una poderosa generación y superposición de imágenes en dos y tres dimensiones que hacen de sus pinturas un mecano pleno de vida.

 
Poco a poco el color va ganando espacio en el universo creativo de Guillermo Masedo, y en estos últimos cuadros vemos que la escala cromática de los tonos ocres, anaranjados o marrones, compiten con esos otros verdes y azules más claros u oscuros, que logran equilibrar de una forma perfecta la visión de los paisajes que él ha trasladado a sus lienzos, alcanzando sin lugar a dudas su objetivo: transformar los límites del horizonte, pues ese parece haber sido uno de los retos a los que se ha enfrentado en la percepción de una luz segoviana que deviene en algo más vivo y muy distinto tras su mirada. En este sentido, la transformación proviene de su aparente facilidad para elegir tanto temas como rincones a dibujar y pintar, y a partir de ahí, romper lo visto y sentido en una nueva forma que antes no existía - a esto se le llama arte-.

 
Su mirada sobre el mundo que le rodea y su capacidad creativa, atenúan y matizan nuestra percepción de aquello que nosotros vemos y observamos, y lo hace con ligeras gotas de su sempiterna melancolía (todavía muy presente en sus cuadros más oscuros) para darle una oportunidad a una luz que nos habla de madurez y un nuevo sentido estético que ha ido alimentando en sus años de formación en la Escuela de Bellas Artes de la Universidad Complutense de Madrid. Estos años en los que se ha confrontado a la versión más académica de la pintura, Guillermo Masedo los ha empleado en formar y madurar esa visión e intuición poderosamente melancólica de su pintura para tamizarla con el poder de la luz, en algo así como una especie de viaje a través de la belleza que no deja de sorprendernos, pues ha sabido reinventar su forma de mirar y de componer, en espacios tanto pequeños como grandes, y hacerlo con un talento en cuanto a su resolución artística más que sobresaliente. Uno no deja de maravillarse al comprobar su capacidad de trabajo, pues en muy poco tiempo es capaz de resolver -y hacerlo con acierto- un buen número de composiciones pictóricas, que van desde los apuntes en apariencia inocentes, pero cargados de un gran simbolismo, hasta los cuadros donde la fuerza de su forma de ver y enfrentar colores están a prueba de toda discusión, pues el equilibrio que logra es magnífico. Es aquí, en los espacios más amplios donde Guillermo Masedo se muestra como un gran maestro de las atmósferas, pues la concreción de sus cuadros más pequeños se convierten en una ola de fuerza mayestática en las composiciones más grandes, en las que el poder de su paleta es demoledor, porque en él se encuentra esa extraña habilidad que es capaz de transformar la realidad oscura y sinsentido que muchas veces vivimos, y que en el caso de los cuadros de Segovia, se plasma en esa otra posibilidad de transformar los límites del horizonte.
 

Ángel Silvelo Gabriel.

WOS INC CONFIRMA NUEVOS ESPECTÁCULOS Y ARTISTAS COMO COLLEEN, JAMES BLACKSHAW, GAF Y CELESTIAL BUMS PARA EL CARTEL QUE LLENARÁ SANTIAGO DE COMPOSTELA DE ACTIVIDADES CULTURALES DEL 12 AL 14 DE SEPTIEMBRE

WOS INC confirma nuevos espectáculos y artistas como
 
COLLEEN,
JAMES BLACKSHAW, GAF y CELESTIAL BUMS
para el cartel que llenará Santiago de Compostela
de actividades culturales del 12 al 14 de septiembre.
El restaurante Abastos 2.0 creará una tapa
en exclusiva para el evento
.
Los abonos ya están a la venta y pueden comprarse
a través de ABANCA y en puntos físicos como A Reixa (Compostela), Portobello (A Coruña) y Elepé (Vigo)
(

WOS INC es una incubadora de ideas gallega que celebrará su primera edición del 12 al 14 de septiembre, acogiendo a artistas internacionales de diversos ámbitos en los espacios más emblemáticos de la ciudad.

Cuando faltan tres semanas para el evento, el cartel de artistas anunciados (entre ellos A Place to Bury Strangers, Red Fang o Miguel Noguera) sigue creciendo con nuevas confirmaciones de músicos de diversas procedencias y estilos: JAMES BLACKSHAW (UK), GAF y la Estrella de la Muerte (Canarias), COLLEEN (FR), CELESTIAL BUMS (Barcelona) y los gallegos GRAMPODER, UPPERCUT, PUMA PUMKU y JAY, que estarán acompañados por el poeta Carlos Oroza.
 

A las confirmaciones musicales se unen también dos espectáculos escénicos, la performance ‘Mi manera de Hacer el Indio’ de Carolina Fernández y ‘OHN’, de María Roja y Berio Molina.

La gastronomía tendrá un papel protagonista dentro de WOS INC de la mano de Iago Pazos y Marcos Cerqueiro, de Abastos 2.0. Este restaurante, ubicado en las inmediaciones del Mercado de Abastos, se convertirá en punto de encuentro gastronómico durante el evento y presentará, únicamente durante estos días, una tapa creada en exclusiva para el evento, que podrá ser degustada por los asistentes con abono a un precio de 2€.

La fotografía es otra de las disciplinas que tendrá presencia en el evento a través del proyecto VISIONS, una idea original de Zlick, y coordinada por el Colectivo 15001. VISIONS es una exposición de proyecciones fotográficas que busca promocionar la fotografía como herramienta de comunicación y provocar el encuentro de artistas y profesionales con aficionados, entusiastas, vecinos o simplemente curiosos.

En el ámbito audiovisual, la zona C acogerá una videoregueifa entre los personajes de dos de las webseries más aplaudidas de Galicia: El Viudo Quiere Mimos y Ángelica & Roberta. Ellos serán los encargados de llenar de imágenes la tarde del domingo con un combate de vídeos sobre un tema tan universal como la resaca.

Las entradas para WOS INC  ya están a la venta a un precio de 20€ por día para las jornadas de viernes y sábado, 10 euros para la jornada del Domingo y un precio de 35€ para el abono completo. Pueden adquirirse a través de la web de ABANCA  y en las tiendas A Reixa (Santiago), Portobello (A Coruña) y Elepé (Vigo).

El primer adelanto del cartel incluye, a algunas de las bandas más arriesgadas e interesantes del panorama internacional, casi todas por primera vez en Galicia: A Place to Bury Strangers, Cave, Ensemble Economique, Jupiter Lion, Red Fang, Sonic Jesus, Spindrift, The Cosmic Dead, White Hills, White Manna y Wooden Wand, las presentaciones cómico-literarias: Ultrashow de Miguel Noguera y ¡Pelea! de Kiko Amat; así como las actuaciones de las bandas gallegas Camarada Nimoy, Chicharrón, Guerrera, Orquesta Metamovida, Ulobit y Unicornibot.


WORK ON SUNDAY · PRODUCTORA
WOS INC es un proyecto ideado y gestionado por WORK ON SUNDAY en colaboración con diversos agentes culturales gallegos. La primera edición se celebrará del 12 al 14 de septiembre en algunos de los espacios más emblemáticos de Santiago de Compostela:

Teatro Principal
Centro Galego de Arte Contemporáneo (CGAC)
Sala Capitol
Fundación Granell
Igrexa da Universidade
Zona C (Bonaval)
Praza de Abastos
Fundación SGAE

WORK ON SUNDAY es una productora Compostelana que desde finales de 2010 desarrolla su labor en el ámbito de la música independiente, con un objetivo principal: ofrecer al público gallego nuevas propuestas musicales de calidad.

El compromiso de WORK ON SUNDAY con su espacio de referencia: Galicia, también queda de manifiesto con la creación del sello discográfico Matapadre, desde el cual edita y promociona grupos gallegos en todo el mundo. Unicornibot, Guerrera, y Puma Pumku son algunas de las bandas que confían en esta plataforma para la publicación de su música.

DOSIS DE ENERGÍA EN DIRECTO PARA TERMINAR EL VERANO: ¡¡¡¡SKIZOPHONIC Y MOLÉ EN BENICÀSSIM!!!!

Skizophomic y Molé: perfecta dosis de energía en directo para terminar el verano


Ambos grupos actuarán el 30 de agosto en la sala Fraguel Rock de Benicàssim


Skizophonic (en la foto) y Molé actuarán el próximo sábado, 30 de agosto, en la sala Fraguel Rock de Benicàssim. El concierto servirá a los primeros como colofón a un intenso verano en el que han actuado en varios festivales, entre los que destaca la última edición del FIB.

El concierto ofrecerá la posibilidad de ver en un mismo escenario a dos grupos cuyos directos destacan principalmente por una contundente puesta en escena. Por un lado, Skizophonic, quienes a finales del pasado año publicaron su último disco titulado "Velodrome" y cuyo sonido se aproxima al garage y al indie de espíritu mod con pinceladas de electrónica. Molé, por su parte, interpretarán canciones de su EP de debut "What you try to hide" y varios temas nuevos que se caracterizan por un estilo indie rock veloz e intenso.

El precio de la entrada es de 5 euros y se podrá adquirir en la taquilla de la sala el mismo día del concierto. La apertura de puertas será a las 18:00 horas.

CONCIERTO
SKIZOPHONIC Y MOLÉ
SÁBADO 30 DE AGOSTO
FRAGUEL ROCK (BENICÀSSIM)
18:00 HORAS
ENTRADA: 5 EUROS

martes, 26 de agosto de 2014

LA NECESIDAD DEL HÉROE EN LA LITERATURA: EL NOMADISMO EN LA ESCRITURA, LA ROMA SOÑADA POR KEATS


LA ROMA SOÑADA POR KEATS

UN VIAJE A LAS ENTRAÑAS DE LA BELLEZA
Y ahora sí, después de este pequeño preámbulo quiero hablaros de la ponencia sobre Keats y Roma que yo he titulado La Roma soñada por Keats donde, para empezar, podríamos plantearnos la siguiente pregunta: ¿qué cabe en la mente de un poeta que sabe que se está muriendo?, pues no se me ocurre un vínculo más fuerte que, defina y una, la estrecha relación de John Keats y Roma; un vínculo que ya dura ciento noventa y tres años.

         John Keats llegó a Roma el 15 de noviembre de 1820, y murió en esa ciudad el 23 de febrero de 1821 (alrededor de las once de la noche), poco más de tres meses después. De ahí, que yo haya titulado esta ponencia como LA ROMA SOÑADA POR KEATS, porque si exceptuamos los quince primeros días de su estancia en la ciudad eterna, en los que el poeta pudo subir y bajar las empinadas escaleras de la segunda planta del número 26 de la Plaza de España (más conocida como la Cassina Rosa y sede de la actual Keats-Shelley House), o dar unos contados paseos por los Jardines de Villa Borghese que, compartió, tanto con su inseparable amigo y albacea de sus últimas voluntades Joseph Severn que le acompañó desde Londres, como con el teniente Elton o la mismísima Josephine Bonaparte (hermana pequeña de Napoleón), John Keats apenas pudo ver por sus propios ojos la inmensidad de la belleza que Roma muestra a todo aquel que pasea por sus calles o visita sus iglesias, catedrales o museos.

         El poeta desheredado por la salud tuvo que soñar su propia ciudad capitalina; una constelación de imágenes que yo quise que él viera a través de una luz color naranja, pues ese es el tono de la atmósfera en Roma cuando el sol se refleja en las tejas de los edificios que dibujan el horizonte de la capital italiana, solo interrumpidos por unos blancos renegridos, por el agua de lluvia, de las cúpulas de sus iglesias o basílicas. Este paisaje lo describí así en la novela: "Como le dije a la Sra. Brawne, en una carta cuyo significado no era el que ahora trato de exponer: «esto parece un sueño…», y hasta la vegetación se muestra compasiva con nuestros anhelos. En los días plenos de sol, aparte de hacernos creer que estamos en primavera, aprovechamos para disfrutar de las inigualables y bellas vistas que la ciudad de Roma nos brinda desde la atalaya que se alza sobre la Piazza del Popolo; terraza de caprichos y victorias, balcón de instantáneas milenarias que han ido mejorando con el paso del tiempo. Miguel Ángel, Rafael, Sangallo… todos ellos escondidos tras sus obras de arte y firmes ante el paso del tiempo. No puedo expresar mayor felicidad que esta, la del artista que presenta batalla y vence al transcurrir de los días. La infinitud dentro de la finitud más exigua. Esta sensación de vivir en una constante eclosión de colores me hace volver a ti, Fanny, cuando te dije: «finjamos que volveré en primavera. Si me dejo llevar por esta inesperada amalgama cromática que se presenta ante mis ojos, en la que los tejados oxidados se funden con el límpido y tenue reflejo azul del cielo que cae como una cascada que impregna de tonos blancos y grisáceos los mármoles de una gigantesca arquitectura, me olvido de nuestra amarga y dura despedida, y me siento con fuerzas para volver a ti".

         Aunque tampoco se nos puede olvidar que, la Roma que acogió a Keats, es también la del escritor ruso Nikolái Gógol, que vivió en la ciudad de 1838 a 1842, y de la que en su relato Roma, nos dice: "... Roma es una ciudad recorrida por el ganado, donde se entremezclan los excrementos de los animales con la sangre de los mismos que queda depositada sobre los adoquines de la ciudad", tal y como nos recuerda Antonio Rivero Taravillo en el suplemento El Viajero del diario El País publicado el 23 de septiembre del año 2006. Unos adoquines, en los que el poeta romántico tropezaba más veces de las deseadas; una complicada alfombra que él, a medida que pasaron los días, y antes de permanecer anclado para siempre en las oscuras moradas de la casa que le acogió, solo pisó para desplazarse hasta el Caffé Greco en Via Condotti, situado a poco más de doscientos metros de su morada, y al que Severn le llevaba para crear en él una ensoñación del mundo romántico que habían dejado en Inglaterra. De ahí, que uno de sus últimos paseos por la bella Roma lo diese por la cercana Via del Corso; una gran avenida que desemboca en los Foros y que, en la novela, le provoca el siguiente pensamiento: "Severn me ha querido dar una sorpresa, ¿quizá la última?, y me ha invitado a pasear por Via del Corso. Sin apenas darnos cuenta, durante todo el paseo hemos sido escoltados por iglesias centenarias y por fachadas de edificios desconchadas en caprichosas formas alegóricas. «Símbolos majestuosos de la más pura dejadez romántica», pienso. ¿Acaso hay mejor despedida que esta para toda una vida? A medida que pasan los días estoy más convencido de que no hay mayor dicha que rastrear el esplendor majestuoso de las almas atormentadas y libres de aquellos artistas que han dejado su huella en este lugar; son huellas que exhalan tanta pureza que me hacen estremecer por dentro, como cuando era un niño y oía entrar a mi madre por la mañana en nuestra habitación para levantarnos, pues esa era la señal del nuevo día y de una nueva oportunidad para expresar nuestra inocente e infantil felicidad. Sin embargo, aquí la inocencia es otra, la de la mirada del artista hacia otras obras de arte, la de mi sensibilidad marchita en busca de una excitación que no me lleve a la simple desesperación. Hombre y arte. Cuerpo y alma. Razón y sensibilidad. Intento abrazarlos para que no se me escapen, pero todo es en vano, porque nada existe más allá del iris de mis ojos.

Vuelvo a la ruta que Severn me ha propuesto, y sigo viendo a artistas que, bajo su sufrimiento, han vencido a ese tormento interior para transformarlo en sentimientos materializados en una belleza sublime e incontestable para cualquier alma sensible. No hace falta sino entrar en una de las iglesias para saber que, por encima de la espiritualidad que las embarga, se encuentra el éxtasis del artista que las ha concebido, lo que me hace pensar que, más allá de ese poder sensible del verdadero artista, no queda nada, tan solo la contemplación de una belleza única e irrepetible.

         Mis divagaciones me abstraen de esta realidad silenciosa que me acompaña y se adelanta a la definitiva, a aquella que dictan mis más próximos designios. Junto a ella, el brazo de Severn, y entre ambos, una especie de levitación que se escapa de mis sentidos hasta que paso a paso llegamos al final de Via del Corso y comienzo a divisar algo así como una ensoñación romántica. Veo la Columna de Trajano que se alza majestuosa como un faro que vigila los foros romanos. Luz sobre la nada. Vigía omnipresente de los días y las horas. Guardián privilegiado de las ruinas del Imperio y la República. Testigo milenario de una milenaria civilización… Según voy avanzando, creo que he sido víctima de una pócima mágica que me ha trasladado a otro lugar, a otro tiempo, a otra vida… «¿Cabe algo más bello que esta suntuosidad del hombre a su paso por la tierra?», me pregunto. En este punto, mis averiguaciones derivan en la hipótesis de la victoria del arte sobre el transcurrir de los días. Hombres y civilizaciones enteras han sido, y serán, arrasadas por sí mismas o por la supremacía de otros u otras, sin embargo, los testigos mudos de esos espacios de la historia siguen ahí, mitad ruina, mitad prueba cierta de la herida del hombre, nacida de su necesidad de expresión artística en el devenir del tiempo. Templos, arcos, basílicas y columnas, dispuestos en pos de un universo onírico y letal para aquellos que creen ver en ellos la belleza como única expresión de la salvación del hombre. Reencarnados o no, los hombres podrán atestiguar con su mirada y su palabra aquello que los magnifica por encima de la política y de sus propias traiciones. El arte, así sentido y transmitido, es el mayor reflejo de la humanidad que pervivirá al transcurso del paso del tiempo y de las civilizaciones que poblaron la tierra. No se me ocurre mayor expresión de libertad que la del hombre y sus manifestaciones artísticas como punto de partida para derribar las formas políticas que les han tocado vivir".

         Por tanto, no debe resultarnos extraño que, en ese corto espacio de tiempo, yo le proporcionara a Keats la capacidad de inventarse a sí mismo su propia morada, porque eso fue Roma para él, el último refugio al que retirarse para morir, y una ciudad que se le apareció como en un sueño, porque no se nos debe olvidar que la Roma milenaria y provocadora, estimulante y bella a la vez, es el mejor de los cofres donde guardar nuestros sueños. Un espacio que encaja perfectamente en la mente de un poeta que dejó dicho en una de sus composiciones poéticas titulada, Oda a una urna griega: "la belleza es verdad; la verdad, belleza - Todo eso y nada más habéis de saber en la tierra".

         Una sensación que es idéntica a la que yo sentí hace pocos días cuando he vuelto a ver a Jep Gambardella, el protagonista de La gran belleza, cuando de vuelta a su casa recorre la ribera del Tevere al amanecer; un paseo donde solo le acompañan sus palabras y sus pensamientos, a los que él los recubre con el silencio de la soledad que, como un mágico refugio, le sirve al protagonista (un escritor de una sola novela), de bastón en el sustentarse para seguir sobreviviendo. Una secuencia que si cabe es más hermosa cuando una barca remonta el río al final de la película, y aquí, a través de este plano-secuencia maravilloso, Paolo Sorrentino, director del film, también nos propone una alianza imposible a la hora de buscar la belleza asociada al silencio; única meta posible de un mundo sin sentido donde el hastío se apodera de todo. A este infinito desencanto que nos gobierna, su protagonista, Gambardella, le opone grandes dosis de cinismo bajo el que cobijarse de esa sensación de eterna búsqueda de la nada. Lejos de apartarse de la vida, Gambardella indaga en ella, pero no encuentra nada, porque quizá todo sea una excusa literaria (quizá la última) a toda una vida, aunque debamos admitir que no debe ser nada fácil escapar de una forma inmune a esa omnipresente belleza que atesora la ciudad  de Roma, y que además, se acrecienta con el paso del tiempo.

         Es entonces cuando necesitamos salir de ese escenario donde todo es bello en sí mismo y una especie de horror vacui nos atenaza las pupilas (que no el corazón), y es ahí donde las calles perdidas de la ciudad de Roma acuden a nuestro rescate. Esa podría ser muy bien la otra Roma soñada por Keats, la de las calles anexas a los grandes monumentos, o perpendiculares a sus majestuosas fuentes, u oblicuas a cualquier gran estatua. Y lo hacen en silencio y desprotegidas de todo bien artístico, pero atesorando esa sensación de lo entrañable y de ser el impagable testigo del paso del tiempo. Su particularidad está en que son fachadas que representan, como nadie, la dejadez nostálgica o la melancolía de los enamorados, gobernadas bajo un silencio latente que se enfrenta a los ruidosos juegos infantiles que quizá las inundaron en un pasado no tan lejano, donde las vidas no vividas quizá se quedaron en simples vidas soñadas. Fachadas en las que las cuerdas de tender sujetan ropas inertes como señales de una vida que existe tras sus ventanas, quizá la de los artistas que han compilado todo su talento en sus grandes espacios abiertos. Calles estrechas que, como un desfiladero, dejan pasar un pequeño haz de luz, justo el suficiente para transmitirnos esa sensación de linealidad vertical que nos invita a escalar a lo largo de sus paredes en busca del cielo. Un cielo azul e intenso que se comporta como el estandarte de un espacio donde solo existe la contemplación, la mirada fija y la mirada perdida en espacios únicos y lugares mágicos, que sin necesidad de llevar la firma de ningún gran artista, nos transportan a ese otro lugar que guardamos para nosotros solos en nuestro imaginario colectivo que, en esta ocasión, como en tantas otras, se encuentra repleto de música e imágenes que no nos permiten mirar con la suficiente desnudez aquello que contemplamos, y que sintiéndonos víctimas de nuestro pasado, intentamos atrapar mediante sensaciones que creíamos perdidas y que de pronto vuelven a nuestro ser para despertamos esa parte que se encontraba dormida, mientras en voz baja cantamos: la belleza… la belleza…

LA MÁS BELLA DE LAS DERROTAS
Otro de los conceptos bajo los que he concebido la composición de Los últimos pasos de John Keats es el de LA MÁS BELLA DE LAS DERROTAS, una idea que algunos de vosotros ya conocéis, pero que a medida que pasan los meses, ha ido en aumentado dentro de mí hasta convertirse en uno de los mensajes más identificativos de esta historia que engendré a lo largo de año y medio, porque no debemos obviar que John Keats, cuando llegó a Roma, sabía que se iba a morir, y él, a pesar de todo, le presentó batalla a la muerte, primero a través de las palabras que antes había escrito, y luego, cuando ya no pudo escribir, con la fuerza de sus sueños.

         A pesar de todo, y de las múltiples contradicciones que acogieron a su espíritu los tres últimos meses de su vida, el poeta siempre tuvo un deseo: no morir en ese anonimato universal en el que casi siempre nos desenvolvemos (solo hace falta recordar su epitafio: "aquí yace alguien cuyo nombre estaba escrito en el agua"), y con ello, vencer al silencio. De ese deseo, nace el incansable anhelo del poeta de vencer a la muerte a través de las palabras. Una angustia vital que yo reinterpreté repasando parte de los episodios más relevantes de su vida mediante los diálogos interiores que establece, por ejemplo, con su mejor amigo, Charles Brown, o con su primer editor Leigh Hunt, o con sus hermanos George y la pequeña Fanny, o mediante los largos viajes oníricos con los que entrelaza sus deseos y sus sueños cuando reclama apasionadamente la presencia de su amada Fanny Brawne, lo que le llevó a soñar que se casaba con ella o a viajar, cual ruiseñor, en un periplo aéreo que termina en el Panteón de Agripa. Lo que de nuevo acaba depositándole en Roma; un escenario que, para John Keats, fue un sueño, un sueño bello y terrible a la vez, pues no cabe un mayor contrasentido que el de morir lejos de casa y de los tuyos, cuando el propósito del viaje es regresar sano y salvo a los lugares que te vieron nacer y crecer, para de ese modo, intentar, una vez más, levantar de las cenizas del olvido una carrera literaria con la que proporcionarse un poco de éxito y de gloria.

         Antes de llegar a ese final, la primera imagen de Roma que yo le proporcioné a John Keats fue la de una ciudad escondida tras una tenue niebla. No se me ocurrió mejor forma que esa para unir, tanto la propia realidad del poeta como la de la ciudad en esa época, pues ambas, no invitaban sino a imaginarse la vida por encima de la propia verdad. Una realidad que en sí misma fue dura antes de tocar definitivamente tierra, pues tanto Joseph Severn, su amigo y compañero de viaje, como el propio Keats, al llegar a Nápoles, tuvieron que permanecer aislados en los camarotes del barco para cumplir con la obligada cuarentena. En ese continuo balanceo sobre la cuna del mar fue donde el poeta británico compuso sus últimos versos de una forma casi enfermiza, como si ya adivinara que esos serían, en efecto, los últimos que sus manos trasladarían al papel. Y por si no fuera poca la angustia que durante esos días se instaló en el espíritu del poeta, la realidad que se le presentó cuando por fin tocaron tierra firme no le resultó demasiado halagüeña, pues en el contexto histórico de las revoluciones liberales de 1820, el reino de Nápoles fue uno de los focos europeos donde en julio triunfaron las revueltas liberales hasta su posterior deposición en octubre de ese mismo año, justo cuando Keats llega al puerto de Nápoles. El poeta, como buen representante del movimiento romántico de su época, está en contra del absolutismo, y lo expresa así en la novela, dejando claro su necesidad de llegar a Roma: "En mi caso, por ejemplo, en Nápoles no podía soportar la idea de ir a la ópera, a causa de los centinelas instalados constantemente en el escenario, a los que al principio tomé por integrantes del conjunto escénico. Iremos inmediatamente a Roma, dije. Sé que mi fin se aproxima, y la constante y visible tiranía de este gobierno me impide tener tranquilidad espiritual. No podría descansar aquí. Ni siquiera mis huesos he de dejar en medio de este despotismo".

EL NOMADISMO EN LA ESCRITURA
Esta jornada literaria está inspirada en el nomadismo en la escritura, a lo que muy bien se le podría añadir la figura del escritor como nómada. Un nómada es aquel que, aparte de cambiar constantemente de lugar de residencia, transforma el mundo en el que habita mediante las experiencias que aporta en el espacio en el que se aposenta temporalmente. Del mismo modo, un escritor es en sí mismo un nómada, porque transforma la realidad en la que se circunscribe su mundo a través de las palabras. Una necesidad de cambio que nace como un sueño, justo cuando en nuestro cerebro se origina una idea y la trasladamos al papel o en la actualidad a la pantalla del ordenador a través del teclado. Ese proceso donde se combinan SUEÑO E IDEA es el que tiene el poder de cambiar el mundo.

         El nomadismo de John Keats fue el de su poesía, pues con ella intentó cambiar el mundo, a pesar de que solo escribiera durante cuatro años. El poeta de la melancolía inalcanzable llevaba un tiempo sin escribir nada antes de acometer la cuidada creación de sus famosas odas, con las que ha podido superar al paso del tiempo. Como dice en el último poema que le escribió a su amada Fanny Brawne: “si firme y constante fuera yo, brillante estrella, como tú”… un poema que compuso el 28 de septiembre de 1820 mientras se alejaba de la isla de Wight, un lugar que le colmó de felicidad en 1817, y en donde también engendró su largo poema épico Endymion, famoso por su verso inicial: “algo bello es un goce eterno”. Sin embargo, en esta última ocasión, el destino era otro, y le servía al poeta para poner distancia de por medio con su añorada Inglaterra y con su amada Fanny Brawne, destinataria de estos últimos poemas si exceptuamos los que escribió por pura desesperación en el puerto de Nápoles mientras iniciaba el más penoso de los viajes, el de su muerte. El viaje a Italia era la última oportunidad de conquistar lo imposible que, en su caso, era buscar una posibilidad de sanar de la tisis que persiguió, como una epidemia, a varios miembros de su familia (a su madre, a su hermano Tom y a él mismo), por lo que podríamos definir su accidentado periplo por el mar que le llevaría hasta Nápoles como de una huida hacia delante, en la que el sol y la bonanza climatológica serían sus recompensas. Un premio que nunca llegó a obtener, porque Roma, su destino final, se convirtió en la máxima expresión de la ausencia de capacidad creativa a la que la enfermedad le postergó. Roma, cuna del arte y la belleza, fue la antítesis de sus dotes poéticas, donde la contemplación era el auténtico camino hacia la belleza. En este sentido, Roma para Keats también fue una especie de cárcel con barrotes de oro, y la máxima expresión de la libertad que él solo alcanzó con la muerte. En Roma fue víctima de la desesperación que la tisis le producía, y que la distancia que le separaba de su amada Fanny Brawne le aumentaba, y allí cayó como un soldado que se erige en el héroe de su propia derrota. No cabe mayor expresión de su soledad que la del propio epitafio: “esta tumba contiene todo lo que fue mortal de un joven poeta inglés que, en su lecho de muerte, con el corazón lleno de amargura, al malicioso poder de sus enemigos deseó que estas palabras fueran grabadas en su lápida: aquí yace alguien cuyo nombre fue escrito en el agua”. Esa bella e insinuante imagen, nos lleva, casi sin quererlo, a los poemas de este gran poeta romántico que, tanto su amigo Charles Brown en Inglaterra como su fiel y último compañero Joseph Severn en Italia, coincidieron en definirlos como la melancolía de lo inalcanzable. Si le pusiéramos voz a los pensamientos del poeta, quizá el definiría su poesía del siguiente modo, tal y como aparece en la novela: "mi visión estética de la realidad siempre tiene un valor moral que la hace trascender hacia esa otra realidad donde el poeta deja de ser poeta y se transforma en árbol, pájaro o urna, pues no se me ocurre una forma más acertada de llegar a ser eterno que ser otro, sobre todo, si esa mutación es inalterable al paso del tiempo. El Hombre es un ser vivo que es incapaz de ser perdurable más allá de sus días terrenales, salvo si tiene la dicha de que aquellos que le llegaron a conocer se comporten como una fuerza transmisora de su vida y sus actos. Fuera de ahí, nada queda, sino la más completa oscuridad. No se me ocurre un contrario mayor a la belleza que la propia oscuridad. La oscuridad es la nada más absoluta. Yo lucho por vencer a esa fuerza que nos tumba día a día. La luz en mi vida es la poesía y con ella trato de ir más allá de mi propia vida y mi propia persona. Quiero acabar con la fugacidad en la que mi alma se encuentra aprisionada en mi cuerpo. Quiero vagar por el infinito sin tener que pensar en un final. Quiero encontrar esa estrella brillante que me guíe más allá del tiempo". 

         El pasado 23 de febrero se cumplieron ciento noventa y tres años de su muerte. A las cuatro de la tarde del 23 de febrero de 1821 pronunció sus últimas palabras: “Severn, yo… incorpórame… me estoy muriendo… moriré tranquilamente… No te asustes… sé fuerte… y gracias a Dios que esto se acaba”. Después simplemente depositó su cabeza sobre la almohada de su lecho, hasta que a las once de la noche dejó de respirar. 

ROMA COMO EXCUSA PERFECTA PARA UNIR ARTE Y LITERATURA
Como ha quedado dicho, la ciudad eterna tiene innumerables refugios donde pararse a contemplar su omnipresente belleza, porque, al igual que una gran actriz, es capaz de mojarnos los recuerdos tanto con los chorros de agua de sus múltiples fuentes, como con la luz del atardecer que en forma de una lluvia dorada se posa sobre sus tejados anaranjados; una bruma que, si nos paramos a observarla con detenimiento, desprende una gran multitud de destellos capaces de transformar nuestra percepción del arte y del tiempo. Y así, podríamos continuar hasta el infinito, porque infinitos son también los grandes y pequeños rincones de una ciudad tocada por la varita mágica de la infinita hermosura. Pero en Roma, también existe otra opción para contemplar la belleza, más allá del halago puramente estético, y esa es la de disfrutar del silencio y su melancolía como solo dos amantes pueden hacer sin perderse en los vericuetos del tiempo. En este caso, Roma también se alza como la excusa perfecta para unir arte y literatura, verdad y belleza... No hace falta más que alejarse un poco del bullicio que reina en el Coliseo y sus alrededores para llegar a Campo Cestio; un lugar presidido por una pirámide evocadora de otras culturas, y que es el mejor símbolo de la magnitud del paso del tiempo. «Todo es efímero menos yo misma», parece decirnos, pero también, a poco que nos fijemos, caeremos en cuál es el verdadero fin último de su ubicación. Campo Cestio, a día de hoy, es un lugar de peregrinación literaria en la ciudad eterna. Todos aquellos amantes de la lectura que, tratan de unir arte y literatura, llegan hasta el cementerio protestante de la ciudad de Roma para cumplir con la liturgia de visitar la tumba del poeta romántico John Keats, y de esa manera, cerrar el círculo de su historia. Cada vez más, los visitantes acuden sin reparo a ese lugar sagrado que se esconde bajo la sombra de pinos y cipreses, naranjos y palmeras; y que, junto al interés puramente literario, cobija un mágico silencio que el tráfico que le rodea no es capaz de perturbar. Una sensación tan placentera que nos lleva a expresar que: a escasos metros de sus murallas se encuentra el mundo, pero dentro de ellas, se halla la eternidad. De ahí, que uno solo será testigo de la magnitud que día a día va tomando la figura del poeta inglés si visita el cementerio y su tumba, presidida por una lira a la que le faltan cuatro cuerdas, como símbolo de su fugaz paso por la vida.

         Desde esa atalaya, donde la poesía, solo en apariencia, es un arma no dañina, me planteé crear un universo propio a través de las imágenes que me habían sido transmitidas. De ahí, que esta novela haya nacido desde la imagen que más tarde se convierte en palabra; palabra lírica, apegada al ritmo de las cadencias cortas y la contemplación. Un largo viaje en el que también me han acompañado Lord Houghton, Julio Cortázar, Alejandro Valero o Ian McEwan, pues otros muchos antes que yo sintieron la necesidad de desentrañar los interrogantes que John Keats y su obra nos proponían, pues ¿qué hay más doloroso para un poeta que el silencio? Un silencio que en Los últimos pasos de John Keats tiene un sentido más amplio, pues más allá del último hálito de vida, el silencio en esta ocasión, también representa, por un lado, la voluntad de dejar de sufrir y la libertad definitiva del alma pero, por otro, es un singular signo del paso del poeta entre los vivos, pues tras él, nos quedan sus poemas, donde su voz se alza majestuosa entre los muertos, en un «espacio de mirada interior» donde no existe el tiempo ni el silencio.

LOS ÚLTIMOS PASOS DE JOHN KEATS EN LA CIUDAD DE ROMA: HISTORIA DE UN EPITAFIO
         El final de este viaje acaba, como he dicho anteriormente, en el cementerio protestante de Campo Cestio en Roma; una afirmación que por otra parte no es del todo cierta. Sí, es verdad que su sepultura no tiene nombre, y que en su lápida se puede leer el famoso epitafio que inventó días antes de morir, sobre el que hay una imagen de una lira a la que le faltan la mitad de las cuerdas (idea de Joseph Severn). Y que a unos metros a la izquierda, justo en la tapia del cementerio, hay un medallón con una efigie y unos versos en los que se puede leer su apellido en acróstico vertical. También es verdad que Shelley llevaba un libro de Keats en el bolsillo cuando murió ahogado en un naufragio un año después en la Toscana, y que antes, le dio tiempo a escribir el poema Adonaïs en honor de su amigo que describe muy bien el cementerio donde descansan sus restos, y donde el poeta romántico dio sus últimos pasos en la ciudad de Roma: “el cementerio es un espacio abierto entre ruinas,/ y en invierno lo cubren violetas y margaritas./ Podría hacer que uno se enamorara de la muerte/ al pensar en ser enterrado en un lugar tan grato”. Un lugar que Lord Houghton define así en su libro Vida y cartas de John Keats: "... uno de los más hermosos lugares donde pueda reposarse la mirada y el corazón de los hombres. Es un declive lleno de césped, entre las ruinas de las murallas de Honorio correspondientes a la ciudad reducida, y dominada por la tumba piramidal que Petrarca atribuyó a Remo, pero que la verdad arqueológica a adscrito al nombre más humilde de Cayo Cestio, tribuno del pueblo, sólo recordado por su sepulcro". Y que incluso Severn, tampoco pudo evitar describir las sensaciones que le producía, y así lo hace en una carta que escribió a Mr. Haslam diez semanas después del óbito de Keats: “anduve por allí hace pocos días, y vi que las margaritas la han cubierto ya enteramente. Es uno de los lugares retirados más hermosos de Roma. No se encontraría un sitio semejante en Inglaterra. Lo visito con una deliciosa melancolía, que alivia mi tristeza. Cuando me acuerdo del largo tiempo en que ni un solo día estuvo Keats libre de agitación y tormento tanto del alma como del cuerpo, y que ahora yace en reposo con las flores que tanto deseaba sobre él, sin otro sonido en el aire que el de las esquilas de unas pocas ovejas y cabras, me siento realmente agradecido de que esté aquí, y me acuerdo de cuán ardientemente rogaba porque sus sufrimientos llegaran a su fin y pudiera alejarse de un mundo donde ya ni un solo ápice de alivio quedaba para él”.

         Sin embargo, lo que nunca se nos puede pasar por alto es que, como antes he dicho, ese no es el final del viaje, pues tras el cuerpo del hombre que permanece enterrado bajo tierra quedan sus palabras, las palabras del poeta que, siempre, estarán presentes a lo largo del tiempo.
 
Ángel Silvelo Gabriel
 
El artículo completo se puede descargar de forma gratuita en: http://playadeakaba.es/?q=obras%2Fla-necesidad-del-h%C3%A9roe-en-la-literatura

domingo, 24 de agosto de 2014

LA INDUSTRIA EDITORIAL A DEBATE. UN ARTÍCULO DE MANU DE ORDOÑANA

Mercado mundial del libro 2014

El último informe “Global Trends Publishing 2014”, publicado por el “Frankfurt Book Fair Business Club” presenta la situación del mercado internacional del libro y la profunda transformación que está experimentando el sector editorial, debido a la irrupción del libro digital, a la entrada en el mercado de nuevos protagonistas como Amazon, Apple y Google, y a la globalización de una industria que tradicionalmente ha sido conservadora y cerrada a los límites de sus fronteras.
Seis países poseen el 61% del mercado mundial. El primero es Estados Unidos (26%), seguido de China (12%), Alemania (8%), Japón (7%), Francia (4%) y Reino Unido (3%). Pero algo está cambiando, ya que la demanda sigue creciendo en muchas de las economías emergentes, mientras que se ha estancado o se ha contraído en los países industrializados. Así por ejemplo, China ha alcanzado el segundo puesto en el ranking —que, durante décadas, se han disputado Alemania y Japón—, aunque muy lejos todavía en el consumo per cápita.
El cuadro siguiente es muy pedagógico. El eje de abscisas representa el importe medio que cada persona de un país gasta cada año en libros; y el eje de ordenadas, el número de títulos nuevos o reimpresos que se publican anualmente en cada país por cada millón de habitantes. La primera conclusión es que el mercado del libro está concentrado en un pequeño número de países que poseen cultura europea o anglosajona, además de Japón y Corea.

Llama la atención el segundo lugar que ocupa España en el número de títulos publicados. Ello, en parte, es debido a las exportaciones que realiza a Latinoamérica, al abrigo de la misma lengua, lo mismo que el Reino Unido, a todos los países de habla inglesa. Su posición en el consumo per cápita se sitúa en un discreto término medio, similar al de Japón, algo más bajo que Francia y por encima de Italia.
Otro dato que nos debería de sorprender es la posición de Estados Unidos. Cada norteamericano gasta una media de 90 euros al año en comprar libros, mientras que cada español gasta sólo 60, y eso a pesar de que, seguramente, allí el precio unitario sea inferior. Si este índice revela el nivel cultural de un pueblo, igual tendríamos que revisar algunos conceptos.
En general, el mercado del libro ha tenido un comportamiento adverso en 2013, igual que en los cinco años precedentes, aunque los resultados varían notablemente de un país a otro. En los más ricos, los crecimientos han sido negativos, pero con descensos moderados. En Inglaterra las ventas bajaron un 2% en total y un 5% el libro impreso, mientras que en Estados Unidos, un 1% y un 2,3%, respectivamente. Las pérdidas más importantes se han producido en los países mediterráneos, en consonancia con la recesión de sus economías.
En España, la caída fue del 9,7%, según el informe que publicó en julio la Federación de Gremios de Editores de España. La prensa, en general, ha recibido el informe con indulgencia, asumiendo el diagnóstico del presidente de la patronal, Xabier Mallafré —que también lo es de Planeta—, que atribuye la debilidad a una serie de factores externos, pero no a su negligencia: La crisis, la piratería, la competencia desleal, la fiscalidad, legislación insuficiente para proteger los derechos de autor, la inversión pública, las ayudas al libro de texto… ¡Qué fácil es echarle la culpa al vecino!
La industria editorial tuvo su momento dorado a finales del siglo pasado. Tras una década creativa en los setenta, alcanzó su máximo esplendor en los ochenta, para luego salir en busca de un espacio en el mercado hispanoamericano, hasta que se inicia la decadencia en el año 2008. Cuarenta años de bonanza, de trabajo bien hecho, con perspectiva de futuro, con el ánimo crecido para emprender nuevas aventuras, a pesar de las tres o cuatro crisis que tuvieron que superar en el camino.
Pero esa ilusión se ha desvanecido. Ahora todo son lamentos, voces de impotencia, salvo para pedir la ayuda de la administración, como siempre ocurre en este país, cuando las cosas empiezan a ir mal. El informe destila un talante derrotista impropio de un sector que siempre ha sido dinámico e innovador, sin aliento para proponer soluciones, sólo advertir al personal de lo que está a punto de venir. Un cambio de actitud que algunos atribuyen al cambio generacional, pero que más parece consecuencia de un diagnóstico incorrecto, infectado por ciertos tópicos que, a fuerza de repetirse, terminan por contagiar la mente de las cabezas pensantes.
Es cierto que la crisis existe, pero algún día terminará; es cierto que hay leyes mejorables; es cierto que el Estado ha recortado sus presupuestos en detrimento de la cultura, un acervo que aporta abundante contenido para generar identidad. Pero ésos no son los motivos que han provocado la recesión, como pretende demostrar el informe; o al menos, no las más importantes.
Tampoco lo es la competencia del libro digital. Salvo en Estados Unidos y Reino Unido, en que el e-book posee una cuota de mercado del 30 y del 15% respectivamente, en el resto de países no llega al 5%, aunque posee atributos para crecer, pero despacio, lo que debería servir a los agentes para posicionarse y, sobre todo, acabar con la piratería. Los lectores hispanoparlantes se pueden descargar sin ningún control hasta 200.0000 títulos en español, una verdadera lacra que los legisladores han de combatir.
Las causas que más han contribuído a provocar esta mutación son básicamente dos:
1.- Las tiendas online. El libro es un producto idóneo para ser vendido en Internet. Posee todos los atributos para triunfar en la red: nivel de precio medio-bajo, poco peso para el transporte, fácil de identificar y, sobre todo, la posibilidad de leer una selección de treinta o cuarenta páginas que los portales ofrecen gratis, con el fin de juzgar si lo que vas a comprar se ajusta o no a tus aficiones. Por eso, han proliferado las tiendas online, además de las ya conocidas, como Amazon, Apple y Google.
Por otra parte, la distribución se simplifica, desaparecen los intermediarios y el autor es capaz de llegar directamente al usuario. Así los precios pueden disminuir, los beneficios aumentar, o las dos cosas al mismo tiempo. Paralelamente, la autoedición se ha incrementado de manera espectacular, ya que el escritor ha percibido las ventajas del nuevo modelo, con lo cual, el papel del editor empieza a difuminarse. Es posible que, a medio plazo, sólo sobrevivan los grandes, aquellos que sean capaces de conservar —y pagar bien— a los autores consagrados.
Y lo mismo ocurre con las librerías; sólo quedarán las de barrio, con una gama variopinta de artículos, y las grandes, probablemente, asociadas a cadenas de distribución. Según el informe elaborado en 2013 por CEGAL (Confederación Española de Gremios y Asociaciones de libreros), en el periodo 2008-2012 se han cerrado el 21,5% de las librerías. En un lustro, las ventas han caído un 40% y el empleo se reducido un 30%. Y las estimaciones sobre lo que está ocurriendo desde entonces no son mejores. Es verdad que España es el país europeo que más librerías tiene, muy por delante de Alemania y de Francia, y el segundo per cápita, detrás de Chipre. La atomización propicia la debilidad y conduce al precipicio.
Es una revolución que afecta, no sólo al mundo del libro, sino a la sociedad de consumo en general. Poco a poco, el personal se ha acostumbrado a comprar online muchos productos que antes compraba en la tienda, una vez superado el temor a ofrecer la tarjeta de crédito para el pago en la red. Si esta tendencia se mantiene, buena parte de las tiendas que hoy ocupan lugares privilegiados en las calles más céntricas de las ciudades podrían desaparecer, lo que modificaría el panorama urbano para adquirir una fisonomía impredecible.
2.- La globalización de la economía. Uno de los males que aqueja a la economía española es la reducida dimensión de sus empresas y la falta de grupos industriales con volumen de facturación suficiente para acometer la internacionalización de su actividad. Con el tamaño, se obtienen economías de escala que reducen los costes de producción, lo que posibilita aumentar cuota de mercado, generar recursos financieros para instalar sucursales en el extranjero y adquirir solidez económica para acceder al crédito, todo ello con el fin de asegurar la viabilidad del negocio.
El sector editorial no es ajeno a esta imperfección. El número de editores que hay en España es elevado, su ámbito de actuación es localizado, muy pocos están presentes en el mercado latinoamericano,  y mucho menos en países de habla no hispana. Si no se alcanza una determinada masa crítica, es imposible emprender actuaciones de envergadura para seguir creciendo y consolidar así la empresa.
Por el contrario, las compañías anglosajonas han hecho bien sus deberes. Han limpiado su patio digital y han crecido hasta alcanzar ese tamaño que permite cruzar la frontera y acceder a mercados e idiomas que antes les estaban vedados. En la lista de las 56 editoriales más grandes del mundo que acaba de publicar la revista norteamericana Publishers Weekly, figuran diez (10) norteamericanas, ocho (8) alemanas, siete (7) francesas, siete japonesas (7), cinco británicas (5), cuatro (4) italianas y tan sólo dos (2) españolas: el grupo Planeta en el octavo puesto y el Grupo Santillana en el vigesimocuarto. Muy poco para el peso que todavía tiene la industria editorial española en el contexto internacional.
¿Cuál es la solución? Las recetas mágicas no existen, salvo en la cocina, pero tampoco hay que quedarse parados. El apocalipsis no es un escenario probable, si se toman medidas de largo alcance, ahora que todavía estamos a tiempo. Como decía Belén López, del grupo Planeta: “Nos planteamos el dilema entre el editor esencial, centrado en ofrecer buenos textos a los lectores/compradores que resten y el nuevo editor transmedia multiplataforma. Eso da miedo, pero también agudiza el reto. La dificultad de querer abarcar y apretar al tiempo nos está haciendo muy fuertes a quienes seguimos peleando por continuar en este mundo hasta nuestra jubilación”.
Y si algo se le puede pedir a la Administración es que tutele la concentración industrial, que apoye con subvenciones generosas la consorciación de pequeños editores y todas aquellas fusiones o adquisiciones orientadas a potenciar la dimensión de las firmas resultantes y hacerlas más competitivas, en lugar de repartir ayudas individuales que sólo van a servir para alargar la vida de quien está en fase terminal. Sería un dinero bien gastado.

Artículo de Manu de Ordañana publicado en su web www.serescritor.com

LECTURA PARA TIEMPOS DE CRISIS: LOS ÚLTIMOS PASOS DE JOHN KEATS EN FORMATO EPUB POR 1,99€

LOS ÚLTIMOS PASOS DE JOHN KEATS
Autor: Ángel Silvelo
Portada: Enerio Polanco
ISBN:  978-84-942108-7-7
Depósito legal: M-9570-2014
ISBN ePUB: 978-84-942554-1-0
P.V.P.: 12.00€
P.V.P. Ebook: 1.99€
Temática: Narrativa
Colección: Colección Lawrence
 
 

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Sinopsis 
John Keats, el hombre que siempre andaba con un libro en el bolsillo (como lo describía Cortázar), no solo tuvo el auxilio espiritual de la poesía en sus últimos días, sino también el amor que el poeta manifestaba por la naturaleza y por el esteticismo que siempre tiene un valor moral. Ese yo lírico que, en Oda a un ruiseñor, se eleva entre los árboles y compara la eternidad de la naturaleza y la trascendencia de los ideales con la fugacidad del mundo físico, y que hoy, sin duda, podemos decir que consiguió a través de sus poesías y sus cartas (de gran valor literario). Todo este compendio de circunstancias vitales son las que Ángel Silvelo vuelca en Los últimos pasos de John Keats, y lo hace dándole una voz propia al poeta que, bajo las coordenadas de la poesía, la lírica y un intenso existencialismo, no dejarán indiferente a todo aquel que se acerque a ella.

VICENTE VALERO, LOS EXTRAÑOS: RECONSTRUYENDO LAS BIOGRAFÍAS DE LOS RECUERDOS


Atrapar la memoria de aquellos que ya no están, es una forma de volver a traerlos hacia nosotros, y de esa forma, hacerlos presentes una vez más en nuestras vidas. El hombre siempre ha intentado plantarle batalla al paso del tiempo, y con ello, rescatar esa cualidad de falsa deidad con la que superponerse al transcurso de los días. Esta es una batalla perdida, bien lo sabemos los viles mortales que habitamos la vida durante un corto espacio de tiempo. De ahí, que los artistas en general, y los escritores en particular, intenten driblar de alguna forma a esa apisonadora en forma de rueda gigante que, a modo de reloj infinito, nos tiene atrapados desde el día que nacemos. Todo ello, nos lleva a plantearnos sin mucha dificultad la eterna pregunta: ¿qué será de nosotros cuando hayamos muerto? Nuestro cuerpo, nuestra vida, nuestros recuerdos… Todo quedará en manos de los nuestros, que serán los encargados de cumplir con el designio de nuestros deseos. Esa labor de rescate del olvido es la que realiza Vicente Valero en esta suerte de relatos biográficos donde de una forma, a medio camino entre las biografías y la novela, se sumerge en la difícil tarea de reconstruir las biografías de los recuerdos. Vicente Valero lo hace a través de cuatro relatos de sus familiares ya muertos y a los que atribuye la cualidad de extraños, reproduciendo con ello, una pequeña parte de sus vidas, donde la reconstrucción es más bien un ejercicio estilístico literario más que documental, por los escasos elementos gráficos o escritos con los que cuenta el autor. De ahí, que como muy bien ha dicho el propio Valero, el nexo de unión de todas las historias sea el propio narrador que, como un ojo que todo los ve dentro de su imaginación, recorre las biografías de sus antepasados como si él formara parte de ellos, aun a riesgo de no haberles conocido en alguna ocasión, o vagamente en otras.
 

El acierto de Vicente Valero a la hora de plantearnos cada una de las historias, es el de mostrárnoslas a través de una tensión narrativa, que en forma de enigmas, el narrador nos va resolviendo a medida que avanza la lectura de cada uno de los relatos, para de esa forma hacerse con la atención de lector hasta el final. Las tres primeras: Breve historia del teniente Marí Juan, Reaparición y muerte de nuestro tío Alberto, y Danzas y olvidos del artista Cervera, tienen una estructura similar, pues todas ellas deviene en dos partes, en las que las primeras siempre son el foco de atención que sitúan al lector dentro del personaje, y las segunda, donde Valero da una salida o solución a cada una de las vidas planteadas que, al hacerlo de una forma amena y muy cercana, hacen que el lector se identifique con facilidad y naturalidad con aquello que le están contando. Este rescate de la memoria tiene un ingrediente más sentimental o melancólico en la última de las historias, La tumba del comandante Chico, donde el relato de Valero nos recuerda a las partes de la reconstrucción de pasado que Javier Cercas adoptó en su famosa novela Soldados de Salamina. Esa recreación de una vida que acaba en el mayor de los olvidos, se transforma aquí en una reivindicación sin tapujos de este extraño que, a pesar de sus dotes para haber sido una eminencia de su tiempo, acaba difuminado (por sus ideales) en una biografía de perdedor. Un perdedor que por arte de la literatura, en este caso, se convierte en la viva imagen de aquellos héroes anónimos que dejan de serlo cada vez que alguien se acerca a leer su particular historia.
 

Hay algo más en todas las historias que nos plantea Valero en estos relatos biográficos, y es la necesidad de sus protagonistas de derribar la barrera de la insularidad que, a modo de aislamiento, intentan romper todos ellos para poder rienda suelta a sus necesidades vitales, esas que nada ni nadie nos pueden reprimir. Todos ellos, a su manera, lo consiguen, aunque todos ellos también, paguen un alto precio por ellos Este quizá sea el elemento subyacente y rompedor que hace de este libro un original ejemplo de grito de libertad. Una libertad que ya viene en su planteamiento como material narrativo, y que se abate sobre él, en la forma de ver y reinterpretar este conjunto de reconstrucciones de biografías de los recuerdos.

 Ángel Silvelo Gabriel. 

sábado, 23 de agosto de 2014

LA REVISTA DIGITAL DE EDUCACIÓN Y CULTURA EL PortalVoz PUBLICA MI ARTÍCULO SOBRE PESSOA.- PESSOA Y LISBOA, LISBOA Y PESSOA: LA INTRAHISTORIA DE UN DESASOSIEGO MUY LITERARIO

 
Hace unos días, Vivian Murcia González, periodista de la Asociación de Televisiones Educativas y Culturales Iberoamericanas (ATEI) con sede en Madrid (España), y que forma parte de un proyecto de la Agencia de Cooperación Española y el Ministerio de Educación y Cultura del Gobierno de España, me escribió interesándose en la publicación del artículo que sobre Pessoa y Lisboa preparé para la ponencia que, con ese mismo título, expuse en la I Jornada Literaria de Carboneras 2014. Un artículo que junto, al de John Keats y Roma y la introducción de ambos que titulé como La necesidad del héroe en la literatura, también ha suscitado el interés de mi editora Noemí Trujillo, y más adelante verá la luz en la editorial Playa de Ákaba en formato digital.
 
Muchas veces piensas que el esfuerzo nunca tiene recompensa y que la literatura ya paneas interesa a nadie, pero en esta ocasión, esa sensación se ha vuelto contra mí para darme una bofetada en la cara y decirme que siempre no es así. Como me dijo una vez la directora de Canal-literatura, Luisa Núñez, los artículos literarios si están bien planteados y documentados claro que interesan. Por mi parte, solo puedo decir, que ojalá siga siendo así.
 
 

Pessoa y Lisboa, Lisboa y Pessoa:

la intrahistoria de un desasosiego muy literario 

Por:  Ángel Silvelo Gabriel / 
* Artículos compartido a El PortalVoz por parte de su autor. Su reproducción está sujeta a su autorización. Fuente original: canal-literatura.com
Mientras escribo sobre la luz azul que acuna mis deseos, y que como una inabarcable nube difuminada que en forma de infinita bruma se extiende por el océano Atlántico a su paso por Lisboa, las notas de Madredeus y su Haja o que Houver tiñen de colores el perfil de mis anhelos: “Pase lo que pase/ yo estoy aquí./ Pase lo que pase,/ espero por ti./ Vuelve en el viento./ ¡Oh, mi amor!/ Vuelve deprisa,/ por favor./ Hace cuánto tiempo …/ ya olvidé/ porqué quedé/ lejos de ti./ Cada momento/ es peor./ Vuelve en el viento,/ por favor./ Yo sé/ quién eres para mí./ Pase lo que pase,/ espero por ti”.
Anhelos que quieren pasear por las calles de La Baixa recogidos con el tacto de los sueños; sueños que un día fueron reales, pero que el paso del tiempo han convertido en unha saudade.
 
Lisboa siempre nos espera como ese tímido viento de última hora de la tarde, ese que nos acompaña cuando todo deja de ser brillante para convertirse en un interminable velo de nuestros recuerdos.
 
Saudade y tristeza, melancolía y añoranza, junto a los azules teñidos de azul y las volteretas agitadas de nuestros recuerdos se unen en un único sueño, el sueño de la eterna espera.
 
Lisboa también le esperó a Pessoa hasta su regreso de Durban, y ya no le abandonó jamás, porque Pessoa y Lisboa, Lisboa y Pessoa es la intrahistoria de un desasosiego muy literario, sin duda, el más importante de la literatura portuguesa del siglo XX, a pesar de no ser galardonado con el Nobel de Literatura: «¡Oh, mi Lisboa, mi hogar!», como nos recuerda en uno de los más bellos pasajes de su Libro del desasosiego que, cual tranvía pintado de amarillo, se desplaza por los raíles de nuestros sueños decorados de ese color azul del océano Atlántico hasta depositarnos en la loma del cementerio Dos Prazeres en Campo de Ourique, guardián de los más ilustres escritores portugueses.
 
Lisboa y Pessoa, Pessoa y Lisboa, también es la relación de un eco mudo que deviene en aullido de genialidad con el devenir de los tiempos. Una vez más, sí, una vez más, asistimos atónitos a la victoria del artista y su obra sobre el paso del tiempo, porque, quizá como muy pocos, el artista, más allá del tiempo, tiene la ventaja de dejar huellas que más tarde se podrán visitar y revisitar.
 
Pessoa, al que un día definí como el hombre que no se mojaba los pies en los charcos, se difuminó por las calles de Lisboa de la misma forma que la bruma que empaña las aguas del Tajo a su paso por la capital portuguesa lo hace sobre nuestros recuerdos.
 
Pessoa habitó un gran número de inmuebles de Lisboa, pero la mayoría de las ocasiones lo hizo en cuartos alquilados que nos hablan de esa provisionalidad suya para con las cuestiones más materiales de su existencia; una existencia consagrada a la literatura, donde ni siquiera el amor tuvo la oportunidad de compartir. Baste recordar lo que le dijo a Ofélia Queiroz cuando se despidió de ella: “toda mi vida gira en torno a la literatura, buena o mala, lo que sea, lo que pueda ser…” Ese poder ser Pessoa lo revertió a través de sus heterónimos que, como distintas voces de capacidad creativa y diferentes voces con las que revisitar su conciencia, fueron testigos, a la vez que las pruebas más reales, de esa diversidad a la hora de concebir la literatura y el universo propio y ajeno del genial poeta y escritor portugués.
 
Esa riqueza de voces le llevaron a vivir en un constante mundo interior que solo abandonaba dos veces por semana para traducir cartas en las agencias comerciales de La Baixa, dedicando el resto de su tiempo a la literatura. Sin embargo, sus múltiples inquietudes, puestas de manifiesto desde su más temprana juventud, le dispersaron el ánimo creativo en una infinitud de facetas y cambios constantes.
 
La provisionalidad podría ser una de las señas de identidad del Pessoa creador, a la que habría que unir la constante transformación de sus ideas y estados de ánimos, una inestabilidad que le perjudicó y le benefició a la vez. Uno entre muchos, o muchos en sí mismo, serían dos acepciones que encajarían muy bien en la definición de su persona, de su obra y de su forma de estar, de ser y de permanecer en la vida y en este mundo, que a él se le hizo pequeño.
 
Poco se habla de su afición por el esoterismo, los horóscopos o esa innata necesidad de conocer el futuro y el más allá (sólo haría falta visitar la recreación de su habitación en la Casa Fernando Pessoa de Lisboa la última que habitó para darnos cuenta de su importancia en la vida del poeta). Todas ellas eran el tipo de batallas que libraba contra sí mismo. Un absentismo vital con el mundo exterior que comenzaba cuando anteponía todo su carácter a la hora de consumir el tiempo hablando con aquellos a los que no consideraba como iguales intelectualmente. Esa altanería escondía, sin duda, su timidez, pero también la necesidad del saber por el saber, una afición que compartía con delectación con su gran amigo Sá-Carneiro, que tras su suicidio le dejó aún más solo ante el mundo.
 
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