Tiempo de comunicaciones rotas

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lunes, 4 de abril de 2011

UN BOBO HACE CIENTO: LA VERSIÓN MÁS MODERNA DE UN CLÁSICO POR PARTE DE UN GRAN DIRECTOR



El gran acierto y la valentía de Juan Carlos Pérez de la Fuente a la hora de dirigir este clásico de Antonio de Solís y Rivadeneyra está en el toque personal y moderno que le ha impusto a la versión que de este clásico ha hecho Bernardo Sánchez. El punto de vista personal de su dirección teatral se deja ver nada más empezar la función, con una sábana o manto que llena todo el escenario, y que a modo de inmenso espantapájaros sirve para ahuyentar todo aquello que no nos satisface, y que es un guiño al carnaval y al matiz carnavalesco con el que se abre esta función (un signo sencillamente genial y marca de la casa), como también lo es el deambular de los actores por el escenario, cuando en cada escena son los encargados de montar y desmontar el nada desdeñable y ambicioso montaje de un ciudad de madera a una escala más que considerable, donde como digo, son los propios actores los que se encargan de colocar y descolocar los diferentes módulos de casas, arcos, ventanas y balcones que deambulan por el escenario, y que son el perfecto arremedo de una trama histriónica que va desde el trascendentalismo inicial (representado bajo las diferentes Edades de la Humanidad hasta ese momento: oro, plata, bronce y hierro) que con unas máscaras (guiño inconfundible del gran Pérez de la Fuente) nos muestran y advierten de los devenires de la humanidad en clave de carnaval, donde la vida y la muerte se dan la mano y lo mundano y lo divino caminan por la misma senda.


Este inicio tan llamativo y diferente, contrasta con el gran discurso que D. Luis nos hace a modo de introducción de la trama de este enredo (que surge como anticipo de lo que años más tarde se denominará comedia del figurón), donde un vizcaíno que lleva por nombre D. Cosme (genial Daniel Albadalejo) junto a su hermana Dª Isabel (Beatriz Argüello) pretende conquistar y tomar la noble villa de Madrid (capital del Reino) sin saber que puede ser ésta y quienes en ella habitan, los que les pueden engullir a ellos a más gloria de su bobería de ciento. En este sentido, Un Bobo Hace Ciento finalmente se comporta como una comedia de enredo revestida del castellano antiguo de la época, que dicho en verso suena tan distinto, que a veces resulta difícil de seguir en esta época del twitter, del facebook y del sms entrecortado. Un esfuerzo al que los actores se emplean con denuedo, si bien en ocasiones la dicción no llega a ser todo lo clara que cabría desear, pero que en ningún caso llega a la ininteligibilidad que algunos críticos han denunciado, pues al menos, el día que quien suscribe asistió a la función no sucedió.



Dentro del reparto actoral, y de la intachable profesionalidad de todos los actores de la Compañía Nacional de Teatro Clásico, uno se queda con el exagerado D. Cosme (otro gran acierto de Pérez de la Fuente) que con sus vestimentas tan chillonas (dignas del esperpento de Valle Inclán) inciden en lo grotesco del ser humano y le convierten en un boomerang de sí mismo, porque su propia astucia se convierte en idiotez (la bobez que sirve para dar título a la obra de teatro). Del mismo modo, que están muy acertados Arturo Querejeta en su papel de Martín (y su soliloquio inacabado), y Muriel Sánchez en el papel de Dª Ana que el director de nuevo muy acertadamente para hacernos más fácil la identificación de los personajes viste del mismo color que su hemano D. Diego (un correcto Fernando Sendino). Del mismo modo que D. Cosme y su hermana Dª Isabel (una acertada Beatriz Argüello) llevan la misma tonalidad también, para así evitar la confusión que pueda existir al inicio de la obra, pero que a media que ésta va avanzando sin embargo se disipa.


Por otro lado, no podemos dejar de mencionar a los músicos que acompañan a los actores en toda la obra, y que el día que uno presenció la representación, hicieron una interpetación intachable, con una perfecta coordinación con los movimientos sugeridos de los actores y sus gestos, acoplándose a la perfección con las aperturas y cierres de puertas y verjas, con una notable actuación por parte del percusionista Sergey Saprychev, en contra de las críticas vertidas acerca de la música de la obra.


Un Bobo Hace Ciento es sin duda un nuevo acierto en la dirección de Juan Carlos Pérez de la Fuente, a la que el sábado 3 de abril, el público asistente premió con una larga y cerrada ovación que obligó a levantar el telón hasta en tres ocasiones.


Crítica de Ángel Silvelo Gabriel

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