Tiempo de comunicaciones rotas

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sábado, 2 de mayo de 2009

IAN McEWAN, CHESIL BEACH: LA INCOMUNICACIÓN DE LOS DESEOS


Ian McEwan recrea en esta novela, a una joven pareja en su noche de bodas, y con ello, levanta un escenario donde representa a la sociedad inglesa de los primeros años sesenta, y que tal y como viene en la contraportada del libro, según Philip Larkin, 1962 es un año antes de que en Inglaterra se empezara a follar o apareciera el primer LP de los Beatles. Lo que nos sitúa en la frontera entre el fin de la época imperialista y el inicio de la liberación de las costumbres e ideas que supusieron los años sesenta.

La particular historia de amor de Florence y Edward nos vuelve a situar en uno de los ejes de este autor, donde los malentendidos y la falta de comunicación entre sus personajes desencadenan en trágicos desenlaces y epílogos que se expanden en el tiempo y que nos muestran el lado más desalentador de nuestras vidas, inaccesibles al poderoso paso del tiempo (tal y como sucede también en Expiación).

El estilo que emplea McEwan para relatar la historia es sencillo. Lo que resulta otro claro ejemplo de maestría creadora, donde más que acotar se nos muestra, y donde se nos deja la posibilidad de ir creciendo junto a la historia.

En cuanto a los personajes, Florence es una chica con inquietudes artísticas, sensible y que es incapaz de exteriorizar sus sentimientos, salvo cuando toca el violín. Sus miedos, alentados por una madre fría y distante, alcanzan su cenit en el contacto físico, lo que nos lleva a una agónica noche de bodas, donde los malentendidos e incomunicación alcanzan cuotas magistrales en cuanto a su narración. Por su parte, Edward procede de una familia con pocos medios económicos, y que al contrario de Florence, ha vivido en una pequeña casa en medio del campo con una madre ausente por un problema cerebral. La figura de Edward, con sus modales y experiencias vitales menos refinados, representan a la Inglaterra que cambiará en breve, dando paso a una sociedad más abierta en cuanto a las costumbres, y libre respecto de sus ideas.

En sí misma, Chesil Beach es una magnífica novela, que se lee de una tirada y resulta absolutamente recomendable.

Reseña de Ángel Silvelo Gabriel

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