Tiempo de comunicaciones rotas

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domingo, 15 de marzo de 2009

DISCURSOS INTERIORES



El tortuoso camino de la literatura a veces se hace más plano. En esta ocasión, decepción y alegría, se dieron de la mano en apenas unas horas. La semana pasada comprobé que no había sido seleccionado entre los tres finalistas del último concurso al que había enviado Estaciones, pero al día siguiente, recibí la llamada del Ayto. de Navalmoral de la Mata, anunciándome que había quedado finalista en el concurso de relatos que con motivo del Día internacional de la mujer convoca ese ayuntamiento.
Discursos interiores es un cuento intimista, que intenta recoger las sensaciones (los discursos interiores) que una mujer sola, con la única compañía de su hija de pocos meses, tiene en ausencia de su marido. Un militar que se encuentra en una misión de paz y que sirve de unión para darle al relato un matiz actual, y sobre todo, visto desde otro punto de vista. Este cuento tenía previsto que formara parte de un libro de relatos que va a llevar por título Miedos y que voy a intentar que recoja los perfiles psicológicos de los protagonistas de los mismos. Este relato, como no podía ser de otra manera, lo he revisado en unas cuantas ocasiones. Su antigüedad data de hace tres años más o menos. En sí mismo, no estaba mal construido, pero le faltaba algo. Y este año, por fin, fui capaz de comprender donde estaba el fallo. Lo cambié, y tuvo la fortuna de ser premiado. El error se encontraba en los diálogos de la madre y la hija, que al proponerlos en una sucesión de preguntas-respuestas, perdía intensidad. Lo convertí en diálogo con puntos y seguido, y la historia ganó en fuerza.

Esta experiencia me sirvió para dos cosas: una, compensar el rechazo de Estaciones, y otra, y ésta es la más importante, reafirmarme en mi decisión de mirar hacia adelante, apostando por nuevas creaciones y dejando a un lado el golpear siempre en la misma piedra.

El viaje a Navalmoral fue tranquilo. Fui con mi chica, como no podía ser de otra manera. Llegamos ajustados en el tiempo a la sede de la UNED y a un pequeño salón de actos, o más bien de reuniones. Primero entregaron los premios a los niños por sus dibujos, y luego comenzaron con la lectura del acta del concurso de relatos. Finalmente fuimos seis finalistas, tres accésit con publicación y diplomas, y por fin, los tres premiados. Reconozco que en mi fuero interno esperaba ser el tercero, certeza que al final se confirmó. La anécdota viene cuando me acerco a la mesa a recoger el premio y la concejala me invita a leer el cuento (algo para lo que no estaba ni mucho menos preparado), por lo que educadamente le digo que no quiero, pero ella me insiste y me brinda su silla y un foco para poder leeer. Qué decir. Un nudo en la garganta se apodera de mí, pero al final cumplí con dignidad la prueba. Pasados el sofoco y la vergüenza me quedé muy satisfecho.

Después de abandonar el edificio tenía un sabor agridulce, porque siempre piensas que puede ser mucho mejor. Pero al día siguiente consulté los nombres de los otros ganadores en internet, y son personas con muchos premios a las espaldas (de los que se llaman profesionales de los concursos), por lo que un halo de felicidad, recorrió de nuevo mi cuerpo.

En esta vuelta a la literatura, mi objetivo no era otro que el de la publicación. Sobre todo, como un primer paso que me permitiera dar otros más. De ahí, que de momento, no pueda pedir más.
¡Ojalá este año tenga alguna sorpresa más y pueda compartirla con todos vosotros!

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